Vecinos de Vimianzo, Zas y Cabana se negaban a abonar los recibos
15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Hace ya treinta años, entre finales de los setenta y principios de los ochenta, miles de clientes de Electra del Jallas se negaron a pagar los recibos por el consumo eléctrico. Lo hicieron después de que una sentencia del Tribunal Supremo obligase a la compañía eléctrica a devolver con carácter retroactivo la mitad de lo facturado desde 1965, cuando había comenzado un pleito impulsado por tres abogados de la zona para reclamar mejoras, al entender que se había cobrado por un servicio con escasa calidad.
Fue así como empezó todo. El fallo, y sobre todo una conciencia social reivindicativa que comenzaba a despertar, originó un conflicto, a veces silencioso y a veces muy ruidoso, que no quedaría del todo resuelto hasta una década después, más o menos en el año 1992. Fue la época más convulsa (también de gran transformación, porque las inversiones en equipos y tendido comenzaron a llegar) que vivió la compañía Jallas, cuya oficina cerró hace pocos días en Cee, poniendo fin testimonial (pertenecía a Fenosa desde 1978) a un siglo de trabajo en la Costa da Morte.
Y fue también esa época la que dio el chispazo para el desembarco en la política de Xan García Pouso, hoy secretario de Neria y antes concejal en Vimianzo y Fisterra. Entonces casi un adolescente, sus arengas a los vecinos, a veces subido en una silla, desde su puesto de secretario de la entidad de su parroquia, Cereixo, animaban a no pagar los recibos en tanto Jallas no abonase lo que mandaba la sentencia. Fue precisamente por Cereixo y la vecina parroquia de Carnés por donde más movimiento combativo hubo. Incluso organizaron una manifestación en Cee con el lema No 2000, Jallas co candil.
Fue aquella una lucha por la luz, recuerda García. «A situación dos tendidos era terceiromundista, así que non quedaba outra. Non lle pagamos, e á xente explicabámoslle a sentencia polas parroquias. E cando os de Jallas querían cobrar ou cortar a luz, eu e máis os veciños faciámoslle fronte», recuerda. Tanto, que más de una ocasión algún enviado de la empresa fue recibido a pedradas con gravilla, o si algún técnico se subía a un poste con una escalera, igual aparecía quien amenazaba con moverla. «As melloras eran fundamentais -añade-, porque aquilo era tremendo. Ás veces ías coas vacas e os cables estaban tan caídos que tiñas que erguelo con varal para poder pasar».
Humberto Canosa Marcote (Ameixenda, 62 años), que comenzó de administrativo en Jallas y acabó como director de la oficina comarcal, vivió esos años en primera línea, sufrió algunas de aquellas piedras, y reconoce que las líneas estaban obsoletas y necesitaban una renovación, que poco a poco fue llegando. «A tensión era baixa, a potencia dos domicilios aumentaba constantemente, e as liñas non soportaban ben os cambios», recuerda.
A Humberto le tocó ir liquidando las facturas poco a poco. «A rede melloraba, e os problemas foron arranxándose».