Los arboles frutales aportan la mayor parte del colorido que domina la zona
24 mar 2011 . Actualizado a las 17:30 h.Es primavera. Ya no queda ninguna duda. Las últimas tardes de sol le han sacado brillo a los infinitos matices cromáticos que ofrecen los árboles, las plantas y las flores que salpican la Costa da Morte. Hasta los espacios más anodinos, como puede ser la salida de una autopista que da acceso a un polígono industrial en la zona de Bértoa en Carballo, se ha convertido en un auténtico espectáculo visual gracias al poderoso amarillo de los tojos en flor. Incluso algunas verduras de huerta como los nabos, que no están pensados precisamente para fines ornamentales, llenan campos enteros de color y olor a primavera. Las sensaciones se multiplican al entrar en contacto con los melocotoneros, perales, manzanos o las ameixeiras que en unos meses estarán llenas de fruta. Ahí los blancos y amarillos cambian a tonos rosáceos, violáceos e incluso azules pastel propios de los cuentos de princesas. También los modestos pastizales, destinados al alimento de las vacas, aparecen ahora coronados de manzanillas que rompen el intenso verde de la hierba.
Los entornos rurales llevan ventaja por la cantidad y la variedad de las especies a las que le dan cobijo pero los vecinos de los núcleos urbanos, como el caso del centro de Carballo, también tienen su oportunidad para disfrutar con el esplendor de la estación más sugerente del año. Basta con acercarse hasta la plaza del Concello para ver la magnolia japonia, los tilos o el rododendro, aunque en este último caso hay que darse prisa porque el árbol ha tomado la delantera y ya está quemando las últimas semanas de floración.
En definitiva, cualquier zona de la comarca tiene estos días algún rincón en el que admirar el poder de la naturaleza.