Un restaurante para comer como en casa

Eduardo Eiroa Millares
Eduardo Eiroa CEE/LA VOZ.

CARBALLO

Van tres generaciones de hosteleros que llevan una empresa en Cee que nació como panadería y que hoy es carnicería y local de hostelería muy conocido

08 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

A estas alturas ya no queda nadie en el entorno de Cee que no conozca Casa Valentín. El restaurante está situado en Pereiriña, a unos kilómetros del casco urbano de la localidad. No está al lado de una carretera general ni nada por el estilo. Para llegar allí hay que tomar el cruce hacia Muxía primero y hacia Lires después. Es decir, nadie llega allí por azar. El que lo hace sabe a dónde va. Y no son pocos, son cientos los que comen allí.

Cientos literalmente. Cuenta Valentín Amigo Montero, hijo de los fundadores y actual responsable del negocio, que durante una década han servido una media de 200 menús diarios. Casi nada. Si multiplican, descontando algún día de descanso, salen unos 30.000 al mes, cifra equivalente, por ejemplo, a la población de Carballo. Eso en 30 días. Echen cuentas a lo largo del año y se asustarán.

Queda claro que son muchos los que conocen a los Valentín. Ahora cuenta el jefe del local, la crisis se ha dejado notar y lo ha hecho sin tapujos. Desde hace un tiempo, con el frenado de la construcción, los menús que se sirven se han reducido a la mitad, pero cien tampoco es una cifra despreciable y se ve que la familia goza de un excelente humor.

Trabajo no les falta. Lo suyo no es solo el restaurante. También llevan una carnicería con la que no paran. Y además, allí organizan fiestas con cierta frecuencia, aprovechando su comedor con capacidad para 300 personas.

Todo eso tiene una larga historia detrás. Hay que retroceder cerca de medio siglo para buscar los inicios del establecimiento.

No fue en esa casa, sino en otra situada cerca de allí, donde Valentín Amigo González e Isaura Montero Soneira montaron una tahona. Corría el año 1952 y ya despachaban pan en un local que también ejercía como bar y en el que pusieron, un día, una mesa.

Relata Isaura una jugosa historia de los inicios del local. Por entonces estaba en obras la nueva carretera que uniría después Cee con Carballo -la actual AC-552 con alguna variación- y trabajaban en ella distintas personas. Entre otros, Alfonso Molina, que además de haber sido alcalde de A Coruña fue ingeniero de Caminos y algo tenía que ver con aquella actuación.

Comía habitualmente en otro local de la zona. Un día paró en Pereiriña y el popular regidor pidió si le podían servir un plato de caldo. «Desde ese día -rememora Isaura- comeu sempre na nosa casa e non volveu a outra, tanto lle gustou a comida».

El traslado

El local actual forma parte de la segunda historia. Echó a andar en 1964. Entonces, relata el primero de los Valentín, tenía una deuda pendiente de saldar, así que vendió la panadería, acabó con aquel crédito y con lo que le quedó puso en marcha el actual local, mucho más modesto que el actual. Como la familia, casa Valentín fue creciendo.

Antes de que Valentín e Isaura arrancaran el negocio o había nada en la zona, en la que ahora proliferan las viviendas.

Cuenta Valentín Amigo Montero que la carnicería empezó a funcionar un poco sin querer un poco después, en 1968. Todo aquello fue la semilla y no solo no paró, sino que se multiplicó con el tiempo.

El pequeño comedor con unos cuantos toneles se convirtió en otro en el que durante una década, hasta 1978, se celebraron bodas.

La cocina casera a base de carnes es la que los ha hecho famosos, pero el segundo Valentín cuenta con orgullo que al principio se sirvió mucho pescado -todavía lo hay- y que las lubinas eran bien conocidas y celebrada la caldeirada. Como prueba, cuenta con orgullo, había fisterráns que iban hasta allí a comer.

Ahora fisterráns siguen yendo. Y madrileños, vascos, catalanes, coruñeses, compostelanos y un largo etcétera de procedencias. Su estilo de cocina casera, del que es también responsable Teresa Pombo, al mando en los fogones, tiene muchos adeptos. El cordero, las carnes asadas y los cocidos son míticos en el local. El tercero de los Valentín se pone tras la barra a mediodía y ayuda en la carnicería en lo que haga falta. Por ahora, la continuidad de la empresa está asegurada en Pereiriña.

Vale la pena darse una vuelta por las cocinas, que casi parecen un piso por su tamaño. Allí aprendió a cocinar Teresa que, dice, se enfrentó a sus primeros pescados a la plancha en solitario y sin experiencia.

Se la darían los años. El reconocimiento le vendría de los clientes. Eran alabadas, recuerda su marido, las caldeiradas de pinto, los sargos al horno y otras muchas preparaciones.

El establecimiento se convirtió en restaurante hace medio siglo y casi de casualidad. Allí paraban los curas al regresar de los funerales, cuenta Isaura. Poco a poco fue creciendo y aún no hace mucho que se ejecutó la última ampliación de los comedores. Si entonces en Pereiriña no había muchos vecinos, hoy la cosa ha cambiado. La mejora de las comunicaciones ha hecho el resto. Hoy Valentín es uno de los mejores embajadores del nombre de su lugar natal.

El boca a boca lleva funcionando medio siglo. Aquellos curas de los años 50 seguro que alabaron las viandas servidas a sus amigos y conocidos. Hoy la cosa no ha cambiado.