Los pasos se ponen a cubierto

CARBALLO

El mal tiempo deslució las procesiones del Viernes Santo, que incluso tuvieron que ser suspendidas en varias localidades

04 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En una de las semanas santas más lluviosas de los últimos años en la Costa da Morte, las procesiones del Viernes Santo se celebraron, en el mejor de los casos, con el paraguas a mano. A los vecinos de Fisterra no les hizo falta durante la mayor parte de la noche, aunque a las once y cuarto cayó un chubasco que provocó la huida de una pequeña parte del público que se había concentrado ya a las ocho de la tarde en la iglesia de Santa María das Areas para asistir a la emotiva representación del desenclavo, y que tampoco quiso perderse la procesión del santo entierro. Pese a la amenaza de precipitaciones, los cofrades y la mayor parte de los asistentes se mantuvieron fieles al programa desde que comenzó el recorrido, a las diez y veinte de la noche, hasta que concluyó, pasadas ya las doce y media.

También hubo algunos problemas en Corme. Parecía que el cielo había dado un respiro para la representación de la pasión de Cristo, que convirtió las calles del pueblo en un gigantesco escenario, y a sus vecinos, en actores cada vez más expertos en dar vida a los personajes bíblicos; pero el recorrido tuvo que acortarse por el viento.

De una forma muy intensa celebraron también los laxenses su característico Viernes Santo, con el encuentro del Señor con la Virgen por la mañana, el desenclavo y la procesión dos caladiños por la tarde, y el santo entierro y el Rosario de la Buena Muerte por la noche. Los vecinos repitieron sus rezos mientras recorrían las calles iluminándolas con velas y candiles.

La jornada fue mucho más llevadera, desde el punto de vista meteorológico, en la costa que en el interior. Ni en Vimianzo ni en Carballo pudieron salir las procesiones con los pasos, y los actos centrales de la Semana Santa se llevaron a cabo, en consecuencia, en las iglesias. En la carballesa de San Xoán Bautista fue «una celebración por todo lo alto», como la definió el párroco, José García Gondar. Todas las cofradías se reunieron en el templo, los niños se sentaron alrededor del altar y de los pasos, la banda tocó marchas fúnebres y los fieles cantaron. En el mismo acto, García Gondar lanzó una propuesta a los cofrades para que el próximo año incorporen un nuevo paso, el de la piedad, «pensando en las madres a las que les ha muerto algún hijo». Aí queda el reto.