El valor de los hombres de mar

CARBALLO

José se embarcó por primera vez a los once años, sus hijos empezaron a los 18. Los tres comparten la pasión por la pesca

21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace cinco años, en junio del 2005, José Varela Ventureira y sus dos hijos, Sergio y Javier, volvieron a nacer. Los tres se encontraban en el puente de mando del José Alejandro cuando fueron embestidos por una lancha de la Cruz Roja. Eran las dos y media de la madrugada y estaban cerca de Punta Coitelada, en la costa de Ferrol. Y de repente, sin apenas darse cuenta, la embarcación de salvamento, de diez metros de eslora, se encaramó al puente. Los tres, como en las películas, vieron pasar por delante toda su vida.

«Ao andar á baixura sempre tés algún tropezo, andas sempre cerca do perigo, pero aquelo foi un susto enorme, houbemos de morrer os tres», recuerda José mientras sus hijos gemelos asienten. «Agora cada vez que vemos un barco ao lonxe, xa estamos asustados», confirma Javier.

El accidente dejó a los tres marineros en dique seco durante dos meses, tiempo que sirvió para que se recuperasen de sus heridas y los más jóvenes, que entonces tenían 20 años, se replanteasen su futuro. Y su futuro, estaba en el mar. Ninguno de los dos tiró la toalla porque tenían claro, como cuando eran niños, que la pesca era lo suyo. «Empezamos aos 18, pero aos 15 xa íamos mirar», dice Sergio, quien el pasado 13 de febrero tomó posesión de su cargo como vicepatrón mayor primero de Malpica. «Querían que entrase xente nova na directiva e a min non me importaba, porque temos que loitar polo noso», explica.

La batalla en la que ahora guerrea llegará pronto a la Unión Europea, donde las cofradías gallegas lucharán para evitar que la flota de bajura se vea obligada, porque se ha agotado la cuota, a devolver al mar la xarda que captura de forma accesoria. «Cando a xarda chega á nosa costa, en primavera, xa non se pode pescar e tirala ao mar é estragala. Non sirve para nada, porque o peixe xa está morto», explica José, a quien, a pesar de llevar casi 50 años dedicado al mar -«de seguido, sen coller nin unha baixa», cuenta-, todavía le gusta compartir la cubierta del José Alejandro con sus dos hijos. «Empecei moi cedo, con once anos, cando aínda había que saír ao mar coas barcas de remos, pero sempre me gustou. Agora só me aburre cando hai mal tempo», dice.

Con una vida laboral tan larga, Varela Ventureira ya piensa en la jubilación, pero, de momento, esperará un par de años. Asegura que sus hijos ya podrían tomar el relevo -«os dous están moi ben preparados»-, pero desea dejarles un buen futuro. «A ver se conseguimos unhas boas mareas, aforramos un pouco e mercamos un barco más grande. O malo é que a tolenaxe é moi cara», explica.

A José siempre le gustó que sus dos hijos siguiesen sus pasos. De hecho, el mayor de los Varela, que da nombre al barco, también fue al mar durante una temporada. «Pero agora prefire estudar», dice Sergio. «Ao principio gustábame moito que os rapaces levasen a miña traxectoria, pero agora preferiría que non. É un oficio moi duro e perigoso», cuenta José.

Los gemelos, sin embargo, tienen claro que lo suyo es la pesca. Ni siquiera se quejan cuando tienen que levantarse de madrugada o pasar toda la noche embarcados y enfrentarse a olas demasiado grandes. «Hai que acostumarse a todo, é un traballo máis», dice Sergio. «É duro, pero moi bonito», confirma Javier. Ambos saben que por delante les queda mucho por lo que luchar -«en poucos días hai que facer moitos cartos para que compense», resume Javier-, pero están convencidos de que el cerco les dará para vivir. «Ao haber menos barcos, hai máis posibilidades. Ademais, no sector hai moi bós compañeiros, e axudámonos os uns aos outros», resume el padre. El problema, dice, añade, fue la entrada del euro. «Redondeáronse todos os prezos á alza, pero no caso do peixe só serviu para que os prezos de agora sexan os mesmos de hai dez anos», explica. Pese a todo, está convencido de que la de su familia «é unha profesión preciosa».