El resultado de una gran apuesta

CARBALLO

Manuel Montes empezó a trabajar con 14 años y con 19 se hizo cargo, con su hermano, de un taller de vehículos en el que hoy trabaja con toda la familia

01 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Con solo 14 años y como otros muchos de su generación, Manuel Montes López, se puso a trabajar. Como pintor de coches, «no taller Unión que había en Zas». Después dio el salto a Santa Comba y más tarde fue contratado en la Citroën de A Coruña. Su hermano José, cuatro años mayor, siguió un camino similar como mecánico, así que el padre de ambos, también Manuel, decidió apostar por el futuro de sus dos hijos. «El era labrador e de coches non sabía nada, pero decidiu vender as vacas, pedir un crédito á Caixa de Aforros e construir un taller», explica Montes López.

El mayor de los Montes, que hoy tiene 90 años, levantó la nave mientras su hijo Manuel vivía su propia aventura en Suiza, país al que se marchó, recién cumplidos los 18, animado por un amigo. «Mandábame fotos, para que vira como ía a obra», recuerda. En Suiza, pese al éxito laboral que obtuvo, permaneció solo un año, porque durante unas vacaciones en casa no pararon de entrarle encargos. ? Y así, con muchas horas de trabajo (todavía hoy abren todos los domingos y festivos), Manuel y José pusieron en marcha Talleres Montes, y a finales de los setenta se aventuraron también con la venta de vehículos. Primero con Ford y después con Peugeot-Citroën, una marca cuya división hizo que los dos hermanos iniciasen aventuras paralelas. Manuel con Citroën. José, con Peugeot.

Ya en solitario Manuel Montes López y su mujer, Mari Flor, empezaron a incrementar el negocio, en el que hoy trabajan también sus dos hijos (la mayor, Maira, ingeniera, echa una mano siempre que puede).

«Cando marchei para a mili, a muller quedou de xefa de taller», cuenta Montes. «Facer, fixen de todo», confirma su esposa.

Con mucho tesón, Talleres Manuel Montes se ha convertido en un referente en la Costa da Morte que va mucho más allá de la mecánica. «Facemos de todo, arranxos, seguros, venta de coches novos e usados, aluguer de vehículos, preparamos todo o papel da financiación...», cuenta Miguel, uno de sus hijos, que junto con su hermano Manuel se ocupa de la parte administrativa y de las ventas del negocio.

Unas ventas que han cambiado mucho. «Daquela había que ir porta por porta e íamos por toda a comarca, despois de pechar, ofrecendo os coches, porque ninguén viña a comprar, non había exposicións, coma agora», recuerda Manuel (padre). «Foron uns anos moi duros, de moito traballo», dice María, quien no quería que sus hijos se dedicasen a lo mismo. Pero la tradición se impuso. «Vivímolo dende sempre, gústanos e outra cousa non sabemos facer», asegura Miguel.

Sin embargo, ahora, se nota que sus padres están orgullosos, también su abuelo, el ideólogo de una aventura de la que jamás se ha arrepentido. «Todos na parroquia dicíanlle que estaba tolo, pero el tíñao todo ben pensado», explica Manuel, quien asegura: «A mellor fichaxe que fixen foi a miña muller». Sus hijos asienten e insisten en que ella «é a xefa». La clave del éxito, reconoce Montes, está en la familia, pero también en sus trabajadores, algunos de los cuales le acompañan desde hace 30 años. «Estou orgullos deles», dice. Y también de sus clientes. «Tiven a sorte de rodearme de moi boa xente e os meus clientes foron e seguen a ser os mellores vendedores», asegura.