Qué riqueza, el oro de las bodas

Harry Dorial redac.carballo@lavoz.es

CARBALLO

Ya saben que es una expresión muy de por aquí, la de la riqueza. Y nunca por lo material: va ligado a la salud, a la tranquilidad. Hombre, por lo material a veces, pero ahí ya se emplea lo de rico-rico sin más. Riqueza es un concepto más amplio. Celebrar unas bodas de oro, por ejemplo. Eso pesa muchos quilates. Una de platino (cada vez hay más) ya ni les cuento. Celebrarla, hacerlo en familia, con los amigos, en paz... Eso es (creo) un baño de oro, y no el que tienen los grifos de los yates de los jeques. Pues en este oro se bañaron el doming o Manuel Nogueira Esmorís y Nieves Lema Fraga. Viendo la foto, sorprende la juventud. «Casámonos con 20 anos, daquela era así», explica el joven Manolo, de 70. El ágape, entonces, se celebró en un bajo situado (casualidades de la vida) justo enfrente de la finca en la que el domingo disfrutaron su fiesta. A uno y otro lado de la Gran Vía de Carballo, con solo 50 años de diferencia. Con los hijos, María José y Carlos ; con el yerno, Mario, y la nuera, Yolanda , y con los nietos, Manuel , Andrés , Laura y Xan . Y otros amigos y familiares, hasta 75, tantos como años tendrán cuando celebren el platino. En la fiesta hubo gaiteiros, cantó Manolo Cancela como solo él sabe cantar, y se asaron tres carneiros ao espeto, labor de la que se encargó el concejal Luis Lamas desde primera hora de la mañana. Por cierto que Manuel también fue concejal: de la primera corporación democrática, compañero de Evencio Ferrero y Leonardo Fariña por el Bloque Nacional-Popular Galego, antecesor de lo que, tres años más tarde, sería el BNG. ¿Qué más se puede decir ya? Felicidades. A ellos, y a todos los que tienen riquezas inmateriales.

Hablando de riquezas y de amores, a muchos nos emocionó una de la cartas al director de este periódico publicadas el pasado viernes. Estaba firmada por Cecilio Madero Villarejo , muy alto funcionario de la Comisión Europea, residente en Bruselas desde hace 22 años, cuando esto de la UE, antes CEE, empezaba para España. Vaya, pronto cumplirá sus bodas de plata en las instituciones que cambiaron nuestra vida. Cecilio, nacido en Madrid, criado en Puebla de Almoradiel (Toledo) hasta los 10 años; alumnos de los Escolapios de Getafe y licenciado en Derecho en la capital de España, aseguraba que la Costa da Morte les había entrada por «el lado más vulnerable, el afectivo», desde que comenzaron a veranear en Muxía hace cinco años. En la zona de A Pedriña, al lado del Coído, subiendo hacia A Ferida. Y eso, en una familia muy viajada, con esposa francesa y cinco hijos, que vive a caballo entre Bélgica Francia y España y en un ambiente tremendamente internacional. Y con diversas lenguas.

Pero lo de Muxía les ha llegado al fondo. Sobre todo a Andrés , de 11 años, que se acaba de llevar un soberano disgusto al saber que tenían que regresar antes de tiempo por cuestiones laborales, con lo que se perdía la romería de San Roque de Moraime, que fue el sábado. Cecilio Madero se confiesa impresionado con este poder de atracción, debido tal vez a la observación de los atardeceres desde A Pedriña, y desde luego a la «acogida, la cultura y la forma de ser gallegas». También tuvo mucho que ver, es cierto, que una compañera suya de trabajo, coruñesa, le habló por primera vez hace cinco años de Muxía, y hasta hoy, «con el resultado conocido», sentencia el funcionario comunitario, quien en su dilatada vida profesional en la capital belga ha tenido que lidiar con asuntos de gran interés y repercusión.

Hay mucha más gente como Cecilio y su familia. A todos, gracias.

Estaba a punto de escribir en marcha ciclista, pero eso es verdad solo en parte. Porque otros fueron en coche. Pero, sí, la mayoría, unos quince, recorrieron el domingo el trayecto que media entre el lugar de A Costa, en Zas (donde la rotonda del maíz, tal vez recuerden el caso) y la Barca de Muxía (hoy Muxía está que se sale, entre esta página y la anterior). Los otros, más bien las otras, fueron en coche, encargadas de la logística. Es decir, del avituallamiento. Es una marcha tan organizada que hasta iban patrocinados por Casa de Bouzas, que es la que aparece detrás del grupo, en la imagen y se dedica al turismo rural. Empezaron hace dos años, como quien no quiere la cosa, y ya se marcan rutas para acudir a los principales santuarios o romerías de la Costa da Morte. El de San Adrián do Mar, en Malpica, está al caer. Y otros caerán después.

Todo esto me lo cuenta una de las expedicionarias (en coche), María Sara Domínguez , a la que todos conocen como Marisa. Y aclara que no son solo vecinos del lugar, puesto que otros de la zona se fueron uniendo. Esto promete.