Participar ya no es lo importante

Antón Bruquetas

CARBALLO

Un responsable del servicio provincial de deportes de A Coruña impide a los alevines de Cabana disputar un partido porque llegaron 20 minutos tarde al polideportivo

29 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En el mundo del deporte se ven cosas que tienen una explicación muy difícil y la que denuncian los responsables de la Escola Municipal de Cabana de Bergantiños es una de ellas. La rocambolesca que vivió el equipo de fútbol sala de categoría alevín se inicia el sábado por la mañana. Los niños de 11 años se dirigían a Cambre para disputar la fase zonal de la Competición Deportiva de Idade Escolar en los pabellones de Os Campóns y de O Temple. Previamente se habían clasificado en la liga comarcal.

Un autobús fletado por el servicio provincial de deportes de A Coruña, que se encarga de organizar el campeonato, los recogió en Cabana a primera hora de la mañana. Los acompañaba el entrenador y el secretario del equipo. Después de dejar a otras formaciones que participaban en la competición y dar algunas vueltas por las carreteras de Cambre, ya que el conductor se había perdido, el autobús llega al pabellón. Son las 10.50 horas y el encuentro estaba programado para las 10.20. Los niños acceden al polideportivo con la ilusión que le caracteriza a un chico de 11 años. Se dirigen al vestuario, se visten con la equipación para el partido y cuando salen a la pista se encuentran a varias personas mayores hablando. Son su entrenador, el preparador de su rival, el Mare Nostrum, los árbitros y un representante del servicio provincial de deportes de A Coruña. El centro de la discusión es que el técnico del Mare Nostrum no quiere disputar el choque, porque, según recoge la normativa, este se debe dar por perdido al equipo que no se presente antes de los 10 minutos posteriores a la hora de inicio. Ellos, ajenos a lo que están deliberando los mayores, lo único que quieren es jugar. Para eso madrugaron y se metieron en un autobús desde Cabana hasta Cambre. Además, la pista está chula y lo único que les apetece es estrenar las porterías.

Sin embargo, no hay manera. Los mayores siguen a lo suyo. Venga a hablar y a hablar. El entrenador del Mare Nostrum mueve la cabeza como diciendo que no. Por su parte, el responsable del servicio de deportes le da la razón. Los miembros de la Escuela Municipal de Cabana ya dan el partido por perdido, pero solicitan a su rival que por lo menos se celebre el choque para que los niños se diviertan. Pero ni con esas. Todos se niegan. Salvo los árbitros, que recogen en el acta que eran partidarios de que se disputase el encuentro, porque antes lo importante en estos casos era participar.

Con su primera derrota en los despachos y con la lógica decepción, los alevines del Cabana juegan por la tarde el otro partido y recogen su medalla como terceros clasificados.

Ahora, los responsables de la Escuela Municipal de Cabana no quieren que se repita el partido que se les dio por perdido. Lo único que piden es que esto no vuelva a suceder. No es lógico que unos niños de once años se suban a un autobús a primera hora de la mañana, que recorran más de 60 kilómetros y que unos mayores no les permitan jugar al fútbol porque llegan 20 minutos tarde.