El 21 de marzo del 2004 fallecía el ingeniero y escritor, finalista del Nadal nacido en Camariñas y criado en Laxe
21 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ramón Eiroa García, así se llamaba. Falleció hace hoy cinco años, a los 82. Había nacido en Camariñas y se crió en Laxe. Acompañaba en los destinos, junto a su familia, a su padre, teniente de la Guardia Civil que acabaría recalando, en 1945, en Puertollano, Ciudad Real. Ramón se hizo ingeniero de minas, profesión que desarrolló con éxito. Viajó por todo el mundo, dio conferencias, era miembro del Club Internacional del Petróleo...
Y era, además, escritor. De vocación tardía, y limitada, pero que dejó huella. Hace apenas un mes, en El Librepensador , Ricardo Serna dedicó un amplio artículo a su obra. De musgo verde oscuro (Destino, 1982) dice: «Con este libro, Eiroa pretendía abrirse paso en el intrincado planeta de la narrativa contemporánea. Es de ley reconocer que parecía saber cómo hacerlo». Recomienda buscar esa obra: «Vale la pena adentrarse en sus páginas y sentir el vértigo suave de una pluma heterodoxa y al tiempo razonable, pálida y a la vez interesante». Musgo verde oscuro fue una de sus últimas obras, que no fueron pocas a pesar de la brevedad de su carrera. En novela, Pozo de Levante (1976) se llevó el Premio Ciudad Real Novela; Cuando llores por mi Julia (1978) fue finalista del Sesamo; Concierto para dos trombones y una camelia (1982), igual que el anterior; Musgo verde oscuro , finalista del Villa de Bilbao, y Los cenicientos (1986) mención especial del Pío Baroja.
Mención aparte merece Notas para la aclaración de un suicidio , de 1980, finalista del Nadal.
En cuentos, recibió el premio Felguera por Aturuxo el Vikingo (1976); el Lena por Cuando Martín ganó la carrera (1976); el Antonio Machado por El tren que llegaba con el viento ; el Estebáñez Calderón po r Gervasio el guardia (1979), también finalista del Certamen Los Llanos, y el Renfe por Atila, el último guardagujas. Eiroa, con padre de Negreira y madre de Laxe, también tuvo éxito en la poesía. Con Nana para un soldado se llevó el Premio Pámpanas Amarillas; con V ino nuevo (1979), el Valdepeñas; y con A veces es triste ser poeta (1979), el Premio Jaraiz.
Toda la familia ha mantenido un relación constante con Laxe, a la que regresan cada año. También Ramón, que pasó sus últimos años en Bilbao. De la tierra natal habla con pasión su hermano Jesús, también ingeniero y residente en Puertollano, que dice sentirse «muy gallego». Otro de los hermanos es Emilio, nacido en Vegadeo-Asturias, que llegó a ser presidente de Aragón.
Ramón Eiroa conservaba muchas amistades en Camariñas y Laxe, aunque las nuevas generaciones desconocen su importante obra.