El tendido eléctrico desluce los edificios y mutila los paisajes de la comarca
13 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Decía el geógrafo griego Estrabón que una ardilla podía cruzar la Península Ibérica saltando de árbol en árbol, allá por el siglo I antes de Cristo. Ahora, en los albores de tercer milenio, en la comarca de Bergantiños también podría, pero tendría que hacerlo sobre cables eléctricos. Eso, si quedasen ardillas porque su presencia es testimonial y si fuesen capaces de sortear las trampas mortales que suponen muchos empalmes del tendido, realizados de forma bastante chapucera.
Salvo honrosas excepciones, como pueden ser el caso de A Laracha o de algunas zonas del casco urbano de Ponteceso, los hilos cercenan el cielo a lo largo y ancho de todos los concellos de la zona.
Los instaladores esgrimen la dispersión poblacional para clavar postes a diestro y siniestro y los responsables municipales inciden en el alto coste que implicaría el soterramiento de las líneas. Mientras los vecinos siguen soportando que las fachadas de sus casas se conviertan en miniestaciones por las que los voltios corren a trompicones, los clientes continúan sufriendo deficiencias en el suministro, cada vez que una racha de viento decide agitar la inmensa tela de araña en la que se ha convertido la red eléctrica.
Entre tanto, los transformadores, acumuladores y demás elementos de la infraestructura siguen dominando los espacios que ocuparon hace décadas, sin que ninguna administración apremie a la compañía para que lleve a cabo su remodelación.