Será uno de los dos gallegos en el Dakar, que, pese a la denominación, discurrirá por Argentina y Chile. Aunque tiene escasos medios, le sobra ilusión
20 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Su moto navega hacia América. Como en los viejos tiempos de la emigración, en que los habitantes de la Costa da Morte partían hacia Argentina o Brasil desde los puertos de A Coruña o Vigo, el transporte de Fran Gómez Pallas viaja embarcado en un contenedor, tras ser cargada en el muelle francés de Le Havre hace unos días. Un trayecto oceánico de los de antes para una prueba que comienza su nueva marcha en la historia del deporte y la aventura.
Es el Dakar 2009. La capital senegalesa sigue dando nombre a una prueba mítica que casi siempre ha comenzado en París pero que, por los problemas de la edición del año pasado, la edición decidió migrar hacia los desiertos, las cumbres y los valles del Cono Sur, por Argentina y Brasil, en vez del hipnótico paisaje africano.
Desde Galicia acudirán dos equipos. Uno de ellos, más bien pequeño, es el de Fran Gómez Pallas, un carballés que cumplió 39 años el pasado 18 de marzo.
Fran regresa a América. Podría valer para un titular, pero requiere matices. En efecto, nació al otro lado de Atlántico, en Caracas. Hijo de la emigración gallega. Allí estuvo hasta los 7 años. Recuerda algunas cosas. «Junquito, Los Próceres, a selva, as praias... Imaxes soltas». Y una fundamental: la primera vez que se montó en una moto. Una Benelli de 50. Tenía 6 años, fue en Junquito, y era del hermano mayor. Tal vez ahí se le inoculó el veneno de una pasión que aún le dura, y de qué manera.
Después, la familia se vino a España. Primero se asentaron en Ponteceso, antes de fijar el domicilio en Bértoa, que aún le dura. En el municipio pontecesán recibió la segunda gran ración de veneno motero. Desde muy joven entró en contacto con gente vinculada al motor. Pese a su corta edad, casi un adolescente, ya manejaba con holgura ejemplares rudos y nobles de Bultaco, la Montesa Capra... Con motores respetables, los de 250 y 370, por ejemplo. Los mayores, al principio, iban detrás de él, pero se soltó en seguida, y de las motos adaptadas, la mayoría para minicrós y cros, pasó a las grandes. Dice que, gracias a aquellos años, conoce a la perfección los montes de Ponteceso.
El espabile llegó a los 16 años, cuando, tras muchas carreras pirata , ganó el campeonato gallego de cros en 80 centímetros cúbicos. En los de 125 se situó entre los tres primeros en varias ocasiones, y en la prueba nacional logró buenas clasificaciones y resultados altos en algunas mangas. «E sempre sen un peso, cos cartos moi contados. Os patrocinios sempre foron moi complicados, pero, agora coa crise, máis aínda». Y eso, añade, es un hándicap crucial. «Se non tes bos medios, malo. Un futbolista bo ten as súas pernas para destacar, pero nas motos é fundamental ter unha boa máquina e apoio». Pese a todo, no abandona este mundo por nada: «Para min, a moto é unha forma de vida, é algo que me pide o corpo dende sempre. A familia é o primeiro, por suposto, pero fóra dela isto é o que máis me gusta». Y dentro de las dos ruedas, el motocrós. Asegura que le ha dado más satisfacciones que disgustos, y ello a pesar de alguna lesión gorda: «Compensa. Pola xente que coñeces, os sitios novos, o que aprendes. Claro que hai fracasos e decepcións, pero hainos en todo, iso forma parte da vida, que é unha mistura de cousas boas e malas».
Dentro de una semana se va
Y lo bueno ahora es ese Dakar con acento español. Empieza el día 3 de enero, pero él partirá ya el 28, en apenas una semana. Aún está cerrando flecos económicos. Le esperan 15 etapas, 10.00 kilómetros, el paso por altos cercanos al Aconcagua, a 4.700 metros, el desierto. De momento va solo, pero hay un equipo de amigos y colaboradores detrás. Cita algunos: María Barcia, Susana, Tato, Garalópez... Además de marcas e instituciones.
Es la sexta vez que participa en la gran prueba. Acabó dos, en las otras tuvo diversas vicisitudes. En la del año pasado, la mala suerte de que confirmó su presencia tarde y apenas tuvo tiempo de prepararse. Está ilusionado. «Estouno eu e está todo o mundo, esa é a verdade». Cuenta que el nuevo trazado parece espectacular, con dureza similar a los anteriores (en wwe.dakar.com vienen todos los datos).
La otra dureza, ya se ha dicho, es la económica. Solo anotarse ya cuesta 13.00 euros. Acudir con un mínimo de garantías ronda los 90.000. Es un capital. «Eu, co que consiga, vou», señala tajante. «Levo moito tempo traballando para isto e non o vou deixar agora». Y si hay que aquilatar costes, pues comparte mecánico con otro competidor, Miguel Puentes, con el que compartió equipo en el 2006.
Puestos a soñar, acabar, quedar en los puestos altos, ganar alguna etapa. En el Dakar 2005, por ejemplo, en una prueba especial fue el primer español y el 19 absoluto. Guarda un buen recuerdo de esa jornada, aunque también de otras, y no solo de la gran carrera africana, sino de francesas con la de Le Touquet (Normandía), en la que participó tres años junto a otros mil pilotos, logrando muy buenos resultados en su categoría.