La salida, por la cocina

Harry Dorial redac.carballo@lavoz.es

CARBALLO

17 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El instituto Alfredo Brañas de Carballo sigue con sus charlas de lo más eclécticas. Hubo de física, de música, de inglés, de cuentos... Ayer, de cocina. De las salidas de la cocina, por ejemplo, que son muchas. Para hacerlo, el director, Javier Dapena , invitó a Braulio García , docente en el Centro Superior de Hostelería de Galicia, en Santiago -dependiente de la Dirección Xeral de Turismo- y cocinero antes que fraile. Esto es: docente. En su caso mantiene las dos facetas. (Lo de fraile es un decir).

A Braulio, que es de Baio, y al que algunos recordamos en otras facetas de guardameta, ya lo trajimos a estas páginas tras haber ganado, su compañera Beatriz , de La Estación (y él como ayudante) el premio de Cocinero del Año en Alimentaria. Eso es mucho ganar, por eso lo nuestro es mucho traer. Al Alfredo Brañas lo llevaron para hablar de su experiencia personal, que como ya sobrepasa los 30 empieza a tener varios carriles, y de paso del centro en el que da clase de cocina. Recordó su paso como alumno por esas mismas aulas, habló de las prácticas en restaurantes cumbres del panorama español como Arzak, de sus trabajos en el Atrio de Cáceres, Nigrán, Casa Marcelo de Santiago o La Estación. A la actividad académica reglada llegó en noviembre del año pasado.

Fue una manera directa de que los alumnos (al Alfredo Brañas también acudieron algunos del Parga Pondal) conociesen directamente una experiencia profesional vinculada con el sector de la hostelería. Una forma de aprender, y, a lo mejor, de abrir el apetito a alguna vocación. Que no le vienen nada mal a una comarca que también las tienes (vocaciones), y la hostelera no para de crecer.

Braulio, que es de Baio, si hubiese asistido a la sesión de cuentacuentos en la biblioteca municipal de Zas tal vez habría visto algún conocido. De escasa edad, entre 3 y 9 años. Era la que tenían los espectadores de la compañía Trinke trinke, que puso en escena la obra Os ratos de lonxe de todo . Organizado por el Concello, todos los martes de abril entran en el programa de O mes dos libros . Actividades lúdicas para llevar las letras a los peques. Ya van unas cuantas, y aún quedan las del 22 y del 29. ¿Para cuando un catálogo así para los mayores? O para los adolescentes, que dicen los estudios que son los que menos se abocan a la lectura, salvo a través de los sms . Y esto vale para todas partes.

A Carlos Santamaría Ochoa lo conocimos el año pasado cuando llegó a Fisterra. Mexicano, pertenece al Grupo de Autoayuda. Vive con Diabetes. En su organización realizan actividades para llamar la atención en la lucha contra esa enfermedad. En cada parada, un mensaje. «Si yo, con diabetes, puedo caminar más de 30 kilómetros diarios, tú que no tienes problemas de salud puedes caminar 20 minutos al día para conservarla», dice uno de sus lemas. El otro es que, pese a todo, se puede hacer casi cualquier cosa cuando se tienen ganas.

Y la cosa de Carlos es realizar el Camino de Santiago desde Francia y hasta Fisterra. Casi mil kilómetros. Este año, repite. Empezará su caminata el 4 de mayo, según leemos en la prensa azteca, así que 30 jornadas más tarde estará mirando al mar desde la punta del Cabo. Un empeño loable. Que salga bien.

Hay muchos gestos loables. Por allá y por acá, por el norte y por el sur. Vamos con otro. Recordamos ahora uno que contamos someramente días atrás. Carlos Tubío, de Madrid, un enamorado de Laxe, pasó unos días en el hotel Bahía de la localidad. Cuando se iba, no se percató de que le quedaba en la habitación una buena cantidad de dinero. La co-propietaria, Ana Cundíns, fue la encargada de llamarlo por teléfono para advertirle que sí, que se dejaba algo más que un buen recuerdo. Él, ni se había enterado. De hecho, empezaba a buscarlo en su bolso. Así que al final, el buen recuerdo se multiplicó, igual que los agradecimientos. Este tipo de cosas habitualmente no tienen trascendencia, salvo para los protagonistas, que no lo olvidan, pero todos los buenos gestos deberían tenerla. Aunque sea modesta. La modestia siempre es verdadera cuando acompaña a la honradez.