Las aguas de Corcubión se tiñeron con los llamativos colores de los bateles?que compitieron el pasado fin de semana para lograr el título autonómico
16 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El deporte del remo se mostró en todo su esplendor durante el fin de semana en Corcubión. El campeonato territorial de bateles zona norte reunió a las mejores tripulaciones para disputar la prueba antesala de la final gallega, que tendrá lugar el próximo fin de semana en la localidad ferrolana de A Cabana. Las clubes fueron llegando desde primeras horas de la tarde al puerto de la localidad de la Costa da Morte. El inicio de la competición estaba previsto para las cinco, aunque hubo algún retraso.
Los profanos en este deporte se fijaban, sobre todo, en los vivos colores de los bateles, desde el rojo de Cabo de Cruz?-el entidad más elegante- y A Cabana, hasta el lila de Cedeira. Y así, pasando por toda la gama del arco iris: amarillo (Noia y Mugardos), verde (Puebla y Narón), azul (Rianxo, Ares y Mugardos), blanco (Esteirana) e incluso el negro (San Felipe).
El primer paso previo a la competición es el pesaje de los patrones. Este acto, bajo el control del juez José Ángel Martins, se realizó en la báscula de la lonja corcubionesa. En la categoría masculina el timonel tiene que pesar un mínimo de 55 kilos y si es mujer, 50. Si por cualquier motivo, el deportista no llega a esa cota, puede poner un lastre de hasta 10 kilos. Si con ello no consigue dar el pasaje exigido, el patrón tiene que ser sustituido.
Las tripulaciones aprovechan esos instantes para saber cuánto pesa el batel. El mínimo exigido son 70 kilos. Aunque, realmente el pesaje de la embarcación se realiza al finalizar la prueba. Hubo casos de descalificación a pesar de ser el ganador, por no llegar a esos 70 kilos reglamentarios.
Delegados
Entre tanto, los jueces de la regata se reunieron con los delegados de los distintos clubes participantes. En Corcubión, el lugar fue la antigua cárcel.
En este acto, además de presentar la documentación de los deportistas que van a competir, lo más trascendente es el sorteo de las calles por las que navegarán cada una de las tripulaciones con sus bateles.
El sistema es sencillo. El juez tiene una bolsa con las cinco bolas que corresponden a cada una de las calles. El federativo dice el nombre del club y su representante elige una bola. Así se establece el orden en cada una de las mangas y categorías que hay.
Mientras tanto, los remeros limpiaron sus embarcaciones y se ejercitaron en el puerto.
Los estiramientos y las flexiones son habituales para poner el cuerpo a tono. Seguidamente bajan las embarcaciones al agua y comienzan a realizar varios largos antes de que el juez llame para tomar la salida.
El público comienza a vibrar con los prolegómenos de la competición. Por la megafonía se informa de todos los detalles. Se dice qué clubes van a competir y las distancias que deberán realizar y la ciabogas a afrontar.
Después, con todo en absoluto orden, comienza la competición. La tensión es máxima. La salida de los cinco bateles es lo más complicado. El juez principal grita: «Esteiro, más a popa. Mugardos, a proa. Quietos ahora». Su compañero enarbola la bandera blanca y la jueza que está en la zódiac es la encargada de dar la salida.
El público grita, los remeros están en máxima tensión y comienza la lucha. El timonel acompasa el acorde de cada palada e intenta que que ritmo no baje durante los 500 metros, los más jóvenes, o los 1.500 de los sénior. El esplendor del remo queda plasmado.