ARA SOLIS | O |
01 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.LA LLUVIA es quizá el fenómeno meteorológico que mejor define Galicia en general y la Costa da Morte en particular. La primera vez que pisé Galicia fue en la Semana Santa de 1983 y de los quince días que pasé en este país llovió trece. Cuando vienes del Mediterráneo el tesón con el que cae el agua aquí sorprende. Veintitrés años después de ese viaje la lluvia ya no llamaría la atención si no fuera porque al encender la tele parece haberse convertido en la principal protagonista de la actualidad. Y si siempre llovió, por lo menos desde que yo recuerdo, ¿es que hemos perdido la capacidad para convivir con nuestro fenómeno meteorológico más peculiar? La respuesta ha de ser que sí. Ya vimos antes los efectos del urbanismo descontrolado y las infraestructuras inadecuadas. Lo vimos en Carballo y en Ponteceso, pero poco aprendimos. Hicimos el túnel del arroyo de A Balsa más grande, pero construimos un centro comercial y decenas de viviendas sobre una braña y ampliamos el polígono sin tener en cuenta el incremento de la escorrentía. Ampliamos y mejoramos el sistema de cubos (para desaguar en el estuario), pero seguimos construyendo en el juncal. El caso es que sabiendo lo que sabemos continuamos sin colocar los registros de aguas pluviales en los lugares que marcan la física y el sentido común y nos empecinamos en no exigir a las empresas concesionarias la imprescindible limpieza de los sumideros. Cada año, varias veces y aunque llueva poco, corren ríos por las calles. Lo peor es que sabemos como prevenir el problema, pero nos comportamos como si viviéramos en Alicante. Ya en 1983 llovía mucho. El problema es que uno acaba por adaptarse al agua y deja de tenerla cuenta. Cuando lo hace ya es demasiado tarde.