ARA SOLIS | O |

21 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA ENCUESTA que realizó hace unas semanas la asociación Íntegro entre los jóvenes que disfrutaban de la movida de Ponteceso da mucho que pensar. Lo primero, que los chavales conocen muy bien la teoría. Que no son tan tontos como a veces nos hacían creer y saben de sobra que mezclar alcohol y conducción es muy peligroso y que, aunque ellos seguro que no lo recuerdan, tenía razón Stevie Wonder cuando decía aquello de «si bebes, no conduzcas». Incluso proponen que en las carreteras de la comarca haya más controles de alcoholemia. Sin embargo, al mismo tiempo, se muestran bastante reacios a utilizar el transporte público para moverse por la Costa da Morte. Y eso, no es por nada, es bastante incongruente. Aunque muchos aseguran que jamás prueban el alcohol, lo cierto es que los bares venden copas a cientos, así que todo parece indicar que más de uno se mete en la cama un pelín chispa. Pero, ¿cómo vuelven a sus hogares? La mayoría de los encuestados afirmaron que viven a más de 20 kilómetros de las localidades de marcha, pero, que yo sepa, jamás se han visto mareas de chavales regresando a pie a su casa. Tampoco en taxi, que, dicen, es muy caro, y, desgraciadamente, cada vez son menos los padres que se mantienen con los ojos abiertos hasta bien entrada la madrugada para ir a recoger a sus polluelos. A los jóvenes no les gusta el Noitebús -y ya ha quedado demostrado que casi ninguno lo utilizó en sus primeros días de puesta en marcha- y, al mismo, tiempo, aunque saben que no deben conducir si han bebido, más de uno coge el volante como un piojo o se sube en un vehículo cuyo conductor -y lo sabe el pasajero- ha tragado tantos vodkas o whiskis como le ha permitido su economía juvenil. Lo que al final, demuestra que muchos sí son tan tontos como parecían.