ARA SOLIS | O |
10 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.MIENTRAS QUE en la tele nos bombardean con anuncios de productos para perder peso, y los gimnasios nos recuerdan que a todos nos sobran unos kilitos, en la Costa da Morte las comisiones de fiestas se han empeñado en acabar con la operación bikini. A este paso ni la operación albornoz-que-te-tapa-hasta-los-tobillos servirá para nada. La dieta mediterránea parece que está totalmente olvidada en esta comarca donde lo que se lleva es zamparse, a treinta grados a la sombra, más de una tonelada de callos, pulpo, mejillones, potro, cochinillos, sardinas hasta reventar, panes como montañas o sacos de fabas, que me río yo de los asturianos. A estas alturas parece que una fiesta no es fiesta de verdad si por medio no hay un buen plato de cerámica de Buño lleno hasta los topes y una cunca de vino bien colmada y barra libre de pan. Parece que una celebración es menos gustosa si entre baile y baile no nos chupamos los dedos y nos damos codazos para repetir ración de patatas, raxo o lo que se tercie. Tal es el empeño de las comisiones de fiestas que hasta se puede encontrar la jornada de degustación del champiñón -la hay, es cierto- o del caldo da Riola, que hace años se celebraba en A Ponte do Porto -¿qué ha pasado con ella?-. Ahora también se lleva lo de hacer paellas y tortillas gigantes, y a este paso imitaremos a los americanos con esos concursos tan raros en el que gana el que es capaz de tragar decenas de hamburguesas en un tiempo récord. Y después, claro, nos quejamos del colesterol y de los kilos de más, del ácido úrico y de la diabetes, de las riñas habituales del médico de cabecera y, ya puestos, nos quejamos también de que la ropa del año pasado ha encogido y es imposible meter los botones en los ojales. Pero ni con estas nos resistiremos a disfrutar de una buena comilona. Pues que aproveche.?