Símbolos

A. MARTÍNEZ

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

05 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

CARBALLO ES un pueblo acostumbrado a perder sus símbolos. Objetivamente, la Horta do Romay no es comparable a casos anteriores, ya que, al fin y al cabo, se trataba de un espacio privado cerrado a cal y canto para los vecinos. Sin embargo, la desaparición de los castaños que se intuían tras los muros de las calles Desiderio Varela y Martín Herrera han traído al 2006 recuerdos de tiempos pasados y de desapariciones tan significativas como el antiguo Ayuntamiento, la vieja iglesia parroquial o el complejo de los Baños Vellos. Claro que no eran los edificios más valiosos del mundo desde el punto de vista histórico o arquitectónico, pero eran símbolos de una localidad que enterró su historia bajo los numerosos edificios construidos, sin orden ni concierto, en los años setenta. Carballo enterró sus emblemas y ahogó su río, ese mismo que ahora se intenta recuperar para el ocio de los mismos ciudadanos que hace años prefirieron estrecharlo en zonas como la calle Fomento, donde el único arco del puente de Isabel II que ha sobrevivido al paso del tiempo apenas es visible bajo la carretera comarcal. Dejó escapar la oportunidad de convertir la casa de Chinto en un lugar para el encuentro, y tal vez porque ya no quedaba casi nada que salvar, cuando gobernantes y gobernados recuperaron la conciencia centraron todos sus esfuerzos en el edificio de la antigua cárcel, reconvertida en museo y centro de información turística. Aunque no han pasado tantos años, las generaciones actuales no sólo no recuerdan aquellos símbolos, que muchos ni siquiera han llegado a ver en fotografías, sino que ni siquiera saben, por ejemplo, que en Carballo hubo una vez una línea de trolebús que nos comunicaba con A Coruña. Por eso, y como ya no se puede hacer nada por recuperar todo aquello materialmente, cabe esperar que por lo menos se recupere su memoria.