El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
ARA SOLIS | O |
03 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA COSTA da Morte vende. Cada vez está más claro. Seguimos a años luz de otras comarcas de Galicia y de la península en las que hace años descubrieron los beneficios del turismo, al menos para los bolsillos de sus moradores. Y aunque a estas alturas todos tenemos más o menos claro que masificar la zona no es la solución a sus muchos problemas, cada temporada seguimos intentando que sean más y más las personas que nos visitan. Tan variadas como el vasto territorio que se extiende desde A Laracha hasta Fisterra son las percepciones que tienen de nosotros a sólo unos kilómetros de distancia. En las últimas semanas he tenido la ocasión de escuchar en Santiago dos comentarios bien distintos. En la sala de espera de un hospital, un grupo de hombres de mediana edad pasaban el tiempo intercambiando recuerdos más o menos lejanos en el tiempo. Uno de ellos comentaba con gran ironía, pero poca gracia, que, durante un viaje en avión, los pasajeros habían sido alertados con el siguiente mensaje: «Estamos sobrevolando Carballo. No pierdan de vista sus relojes». La verdad es que sólo él se rió de su propia gracia, pero estoy convencida de que algunas personas que, evidentemente, no conocen la capital de Bergantiños, piensan que eso es verdad. Claro que también hay quien cree en ecologistas que sueltan culebras en las playas o lobos en los montes y en la banda de la sonrisa de payaso. La otra conversación, ayer mismo, ocurrió entre la dependienta de una tienda y una de sus clientas, que hablaban sobre la temporada de playas y sus posibles destinos. «Laxe es precioso», comentaba una de ellas. La otra asentía y añadía que con frecuencia suele desplazarse hasta el litoral bergantiñán, al fin y al cabo, explicaba, no está demasiado lejos y no hay tanto tráfico como hacia el sur. Tal vez no sea la frase ideal para vender la Costa da Morte, pero al menos es verdad.