Clases prácticas de entereza

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO

CARBALLO

CASAL

Crónica | Vacunación contra la meningitis C en Carballo EN DETALLE Alumnos del instituto Alfredo Brañas se enfrentaron visiblemente nerviosos al miedo que todos los humanos tenemos a las agujas

13 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?a cara de susto de un grupo de adolescentes ante una puerta cerrada del instituto Alfredo Brañas de Carballo indicaba ayer por la mañana que ese era el lugar elegido por la dirección para la campaña de vacunación contra meningitis. El gesto de miedo lo explicaban los llantos que procedían de la habitación. Un chaval de 13 años vestido como un duro rapero neoyorkino lloraba aterrado ante la idea de que pudieran clavarle aquella aguja minúscula. No valió de nada la presencia del director del centro, que intentó por todos los medios vencer el pánico incluso intentando asustarlo más: «Esta enfermidade ten un 30% de mortalidade», le decía. No hubo nada que hacer, R. no dejó de llorar hasta que lo dejaron salir de la sala. Curiosamente no tuvo que soportar el pitorreo de sus compañeros, en aquella fila todos tenían muy claro que para aquel pinchazo intramuscular había que tener mucho valor. R. tendrá que demostrarlo en el centro de salud de Carballo, al que probablemente lo arrastrará su madre, avisada por el director de que el miedo de su vástago no pudo ser doblegado. Sin espectáculo En las otras clases no hubo tanto espectáculo. A cada nuevo grupo la profesora repite que la operación no es dolorosa, pero todos ponen cara de que no se la creen. La médico también informa de que deben decir si están tomando medicación o son alérgicos a alguna sustancia. Un chaval informa de que tuvo bronquitis y fiebre alta, por lo que la doctora le indica que debe esperar e ir la semana siguiente a vacunarse al centro de salud, pero el chico no está conforme y regresa con órdenes de su madre: «Que dice que me pueden vacunar». El diagnóstico maternal no impresiona a la doctora y queda para otra ocasión. Otro de los que vuelven es un chaval también de trece años al que se le ha caído la tirita que les ponen tras la inyección. A la enfermera le parece que no es necesario repetirla, pero su ingenuidad enternece y ceden a su demanda. Al poco vuelve con la misma historia y cara angustiada. El suyo es un caso de reacción local. Cada uno de los chicos debe presentar la documentación que le entregó la Consellería de Sanidade, a través del centro, y su cartilla de vacunaciones. La inmensa mayoría está al día, pero muchos se han olvidado de la de los 12 años y a otros les falta la de los 14. Uno no la tiene porque dice que la ha perdido y otro se lleva una sorpresa cuando se entera de que la del temido meningococo C ya se la pusieron en el 2000 y no necesita repetirla. No parece muy aliviado porque por los pasillos ya ha corrido la voz de que el pinchazo no duele. La información no le ha llegado todavía a una chiquilla de segundo, con gafas y aparato en los dientes que no para de temblar. Cuando la enfermera la pincha chilla, con lo que sus compañeros se remueven inquietos. Otro muchacho impone serenidad al reconocer con cara de sorpresa que no duele nada. El equipo sanitario carballés pone en los centros una media de cien vacunas diarias. Reconocen que no es cierta la vieja idea de que las chicas son más valientes que los chicos y que los casos de histeria son muy escasos. A pesar de ello señalan que son bastantes los estudiantes que deciden no vacunarse en los institutos sino que prefieren hacerlo en el propio centro de salud, donde, según informan, tampoco se ha notado una excesiva demanda de vacunaciones, a pesar de que son miles los chavales que, en teoría, deben inmunizarse contra una enfermedad extremadamente contagiosa y, en muchos casos mortal. Hoy siguen las vacunaciones en varios lugares de la Costa da Morte, pero habrá muy pocas diferencias con lo que ayer ocurrió en Carballo. Estar protegido contra el meningococo bien vale un pequeño pinchazo.