Sorpresa, dudas y emoción

CARBALLO

Crónica A las 6.30 horas, La Voz llegó a los primeros suscriptores. Las llamadas se sucedieron y RadioVoz se convirtió en el faro informativo. «Vázquez se fue». Era el gran titular de la jornada.

10 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?ocas veces recibe María Pita al visitante con tal silencio. Los grupos se suceden. Los corrillos intercambian información. Ya es oficial, el alcalde deja de serlo para irse al Vaticano como embajador. «Suena a inocentada», comenta un veterano funcionario mientras revuelve el café sin atreverse a pasar la primera página de La Voz. Eran las diez de la mañana. Dos horas antes, el todavía alcalde había cumplido con uno de los rituales de sus grandes días. Escuchó misa en la iglesia de San Jorge y regresó a su despacho. Mantuvo su agenda con dos salvedades: Se saltó su tradicional comparecencia de los viernes en el programa Cita en María Pita , de RadioVoz -aunque se disculpó con sus oyentes en un emotivo mensaje- y no participó en una rueda de prensa sobre reciclaje. La sorpresa se leía también en el rostro de muchos colaboradores cercanos de Francisco Vázquez. «Estoy muy triste», confesaba casi llorosa una funcionaria del servicio de protocolo mientras hacía frente a las obligaciones laborales propias de la jornada. Los móviles no paraban de sonar. Los familiares pedían explicaciones. La interrogante del millón era «¿y ahora, qué?». En las oficinas de la oposición, alegría comedida. Los recortes de La Voz se reparten por doquier. Algunos celebran una apuesta victoriosa. Francisco Vázquez, ajeno, se reúne desde las diez con todos sus concejales. Por la noche cenó con ellos y con su inseparable amigo Alfonso Guerra. Por la intranet municipal corre el rumor de que Vázquez se despedirá desde el balcón de María Pita. Falsa alarma. Mientras, el despacho del alcalde se convierte en un ir y venir de gente. Un gran cortinón rojo y un guardia municipal vigilan que nada altere el orden habitual. Los periodistas esperan noticias. Casi una veintena de cámaras de televisión y fotografía esperan que Vázquez haga oficial el adiós. Cinco minutos después de las dos, sale del despacho en medio de una lluvia de flashes. Ocho minutos y dos abrazos después, se va al antedespacho junto a sus hijos. «No es un adiós, porque nunca me iré de La Coruña». ¿Su epílogo?