La ciudad encantada de la Costa da Morte

Xosé Ameixeiras
X. Ameixeiras CARBALLO

CARBALLO

FOTOS: MANUEL SÁNCHEZ DALAMA / X. AMEIXEIRAS

Reportaje | Penedos de Pasarela y Traba El tiempo, el hombre y los caprichos ópticos dan formas humanas y animales a las grandes piedras

04 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

No hace falta viajar hasta Cuenca para ver una ciudad encantada. Y además sin necesidad de pagar entrada, como sucede en el paraje manchego. Los Penedos de Traba y Pasarela, sobre todo sus principales macizos -A Cachucha, Pena Forcada y A Torre da Moa-, forman un auténtico museo gigante en el que uno puede observar tantas figuras como sea capaz de imaginar. A todo ello hay que añadir la conexión de todo este conjunto de esculturas naturales con supuestos sacrificios y liturgias paganas contra las que luchó denodadamente la Iglesia. Desde A Cachucha es posible emprender un recorrido casi mágico y con lo primero que uno se encuentra es con la gran Pedra da Barca, una mole en forma y tamaño de navío. Hacia la izquierda empieza una auténtica muestra escultórica que más de un artista de renombre tendría problemas para reproducir. Una especie de cueva formada por enormes bloque de granito da más encanto al entorno. A un lado, vemos O Berrón, como intentando que alguien preste atención a este conjunto olvidado, mientras el penedo ceñudo observa impasible como el mar lame la playa de Traba. Mirando hacia el norte lo primero que se encuentra es una especie de flan gigante, que por el otro lado representa a un Frankestein que ni pintiparado. Y en lo alto de la Forcada está el dinosaurio poniendo un huevo. Por detrás de A Cachucha, canta Julio Iglesias, un águila pétrea se posa sobre otra roca y una nave espacial se prepara para salir al espacio. Si uno se para incluso es posible observar la representación de una máscara de Marte o un nido de tortugas no muy lejos de su madre, una manada de elefantes, un camello con carga y un delfín que grita al viento. No se puede parar uno mucho porque no llega el día, sobre todo en invierno. Siguiendo hacia la Pena Forcada va descubriendo más figuras. A un lado, el puño en alto y muy cerca está la gran Dama da Costa da Morte, una roca con perfil humano que mira hacia el Occidente, como adorando al Sol poniente al modo de la Esfinge de Gizeh. Dumbo escudriña desde lo alto de unos peñascos y un sapo también está de puesta, mientras que en el perfil de otra mole se nos representa la faz de un gorila enfurruñado. Y no hay que perder de vista la paloma de la paz, que por detrás semeja un yunque. Son figuras fantásticas al servicio de la imaginación humana.