Divertido líquido elemento

La Voz

CARBALLO

CASAL

El pulso de la Costa da Morte Unos se zambullen en la piscina del área de descanso de A Rocheira mientras otros aprenden a mantenerse a flote por las aguas de la bahía de Laxe

05 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La culpa la tiene el sol. Este sol de justicia que está abrasando más que el fuego en el Cairo. Como improvisados bomberos, como perros en el desierto, buscamos desesperadamente un poco de ese líquido compuesto por dos hidrógenos y un oxígeno. Uno de los oasis artificiales en que encontrarlo a chorros es la piscina de A Rocheira, en Coristanco, de las más veteranas de la Costa da Morte. En estos días en que la única ola a surfear es la de calor, recibe constantemente visitantes de todas las edades. Se salpican en ella desde niños hasta jubilados. Este jueves, de hecho, acogió a más de 1.250 abuelos en la Festa do Maior. Pero ¿quién en su sano juicio quiere margarina si nos sobra mantequilla? Las playas siguen siendo, a pesar de los intentos de algún que otro petrolero, el lugar ideal al que ir a darse un baño. Bebiendo viento Otra forma de disfutar del agua, pero sin mojarse (mucho) es practicando la vela. En Laxe es, además, la única manera de permanecer un buen rato en ella sin dejar de sentir las piernas y otros miembros vitales. En su puerto deportivo -sin eufemismos, el pequeño pantalán que hay al final de la playa- llevan casi un mes enseñando algunos de los secretos de la navegación. De ello se encargan Águeda , profesora titular, y Carmen , en prácticas. Por la mañana, de diez a dos, son 15 los niños que aprenden a manejar un velero. Otros tantos adolescentes lo hacen por la tarde, de 4 a 8. Los alumnos llegan, montan todo bajo la atenta supervisión de sus maestras, y se echan a la mar sobre dos tipos de barcos de vela ligera, vaurien y óptimist, en función del nivel de los alumnos. Dedican su tiempo a seguir un recorrido marcado por boyas y, de vez en cuando, organizan alguna regatilla. Los pocos días en que hace malo los aprovechan para refrescar la teoría que aprendieron en los primeros días y a dominar el arte de hacer nudos marineros, esenciales tanto en la navegación como en la decoración de marisquerías. Para apuntarse, basta con tener más de ocho años. Más de un progenitor se ha atrevido a acompañar a sus hijos en las clases. El plazo de inscripción permanecerá abierto hasta el final del curso, el día 31 de este mes.