PASABA POR AQUÍ
23 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.HACE YA tiempo que en Cáceres descubrieron que su mejor medio de vida era convertir el ibérico en lo que es, un lujo para el paladar. Así que le pusieron etiqueta al brioso animal, como a un traje de Chanel, y se dedicaron a venderlo por España adelante. Y les va bien, muy bien, y eso que fuera de las fronteras nacionales el nunca bien ponderado cerdo ibérico no tiene mucho tirón. En la Costa da Morte ya es hora de que los responsables políticos y los empresarios del sector se pongan manos a la obra. Los mejores pescados del mundo, que desgraciadamente para sus consumidores acabarán siendo también los más caros del orbe, tienen que tener tratamiento de Alteza Real. Como le ocurre a los ibéricos, pero con la ventaja de que los peces saben menos de fronteras, y de que con un buen tratamiento comercial en unos días estarían los yenes nipones haciendo cola para entrar en las lonjas.