«El Holandés» más errante es torero

CARBALLO

Reportaje | Solidaridad desde el mar Un aventurero recorre el trayecto de Málaga hasta Ámsterdam en moto náutica para recaudar fondos para las víctimas del tsunami

03 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Así, a bote pronto, la historia tiene un aire tipo Marichalar, pero las raíces son más firmes. Ayer dormían en el hostal Bahía, de Laxe, Nikko Norte y su hijo Raoul. Son de Ámsterdam, que es su destino. El punto de partida, Málaga. Desde la ciudad andaluza Nikko se montó en una moto náutica (de las pequeñas, de las de ir de pie), y su hijo en un scooter tipo pizzero desde el que le hace la cobertura por tierra. La historia es que empresas y particulares holandeses les pagan una cantidad por cada kilómetro que hagan, un dinero que se irá a ayudar a las víctimas del tsunami. Dice Nikko Norte que, siendo sincero, después del frío y las olas de la Costa da Morte, no ve fácil amarrar en Ámsterdam. Lo dice en un español casi perfecto: -Es que llevo dos años viviendo en Andalucía. -¿Y qué hace un holandés en Andalucía? -Soy novillero. La historia real, más allá de Marichalar, empieza ahí. A Nikko Norte se le conoce en los ruedos como El Holandés. Debutó en Málaga en 1998 con un traje negro con tulipanes en plata. Le costó tres meses de rehabilitación. Pero no se rindió: en 1999 volvía a vestirse de luces. Ese año consiguió 14 contratos, 41 en el 2000 y unos 15 al año desde entonces. Dice, con todo, que ya es hora de cortarse la coleta porque la profesión es difícil. No empezó, cuenta, por ninguna locura: «Fui a una corrida y no me gustó nada. Pero pensé que tenía que tener algo para que le gustara a tanta gente, así que me metí en el ese mundo». Y defiende: «Si todos los animales domésticos pudiesen vivir y morir como un toro iban a ser muy felices». Pero no lo tiene como profesión: es productor y guionista de cine, y prepara en EE.?UU. una película sobre el toreo. Siguiendo en la misma lógica, es imposible imaginar sus estudios: es piloto de aviones y helicópteros (trabajó siete años por toda África). En general: aventurero. «Es más fácil escribir de las cosas que le pasan a uno», dice. Un ejemplo: corrió la última edición del rally Ámsterdam-Gambia, que es como el París (o lo que sea)-Dakkar, pero con una norma especial: los coches que toman la salida no pueden costar más de 500 euros. Llegó a meta con un Mercedes de más de 30 años. Allí todos los vendieron y donaron 120.000 euros para un hospital. A sus 40 años (su hijo tiene 17), no para mucho por casa. De hecho, llegué o no a Ámsterdam, ya tiene plan: cruzar de París a Nueva York en moto náutica para recaudar fondos para medicinas en Gambia. Si lo consigue, se lleva las dos orejas.