En directo | La trastienda de la romería
11 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ay otra Barca en Muxía, que se superpone, o más bien cohabita, con la de las orquestas, las misas y procesiones, la pólvora (atención, como siempre, a la traca de hoy en el puerto, al mediodía, más grande que un día sin pan, eso dicen), las multitudes que, como el mar, siempre parecen las mismas, y siempre son tan distintas. La otra, esa otra Barca, al contrario de lo que pueda pensar el neófito, no es exactamente el nuevo emplazamiento de la fiesta. El palco más hacia allá, en el Cabo da Vila otro lugar para actuaciones (el viernes por la noche, un artista hecho a sí mismo improvisó un concierto muy laureado), los puestos de venta por el paseo, las terrazas de bares en grandes aceras, parterres sin acabar... Las obras de la fachada marítima, que estas son las culpables , han dado otro aire (por decir algo) a la romería. Como dicen en Muxía sin entrar en el fondo de la cuestión, «agora a xente está máis repartida». La otra Barca, como un universo paralelo, se mueve bajo tiendas de campaña, pisos de alquiler, bares que se reproducen en espacios huecos. El cámping, por ejemplo. En O Vilar. De repente, un campamento. Con humaredas a la hora de comer, música dance , jóvenes con pareos que vienen de las duchas ¡o de la playa!, coches con televisión, grupos que han perdido a alguno de sus miembros, como contaba socarronamente uno de A Laracha, con furgoneta y remolque para los amigos. Esta zona, que ayer por la mañana estaba algo menos poblada que en otras ocasiones, es un nido de sorpresas. Con ese envidiable horario en el que a las nueve de la mañana la peña empieza a llegar de disfrutar la noche. Pero las sorpresas: la que daba un váter portátil, hecho con taza blanca y cartón marrón para las paredes, a cargo de unos amigos de Canduas y Borneiro. Uno de ellos decía que, como la mujer está embaraza y necesita acudir al servicio con mucha regularidad, ideó el sistema, que incluye agua al lado y agujero en el suelo. Todo muy higiénico, apañado y hasta patentable. Las tiendas, extendidas casi por todas partes, están mucho mejor en los terrenos acotados, pero ahí hay que soltar el dinero a los titulares, cuartos que suelen ir desde los seis a los veinte euros, depende del coche o de la tienda. En un lugar en el que la juventud es la que manda, con pequeñas excepciones de familias medias, cerca otro en el que, durante tanto tiempo, abuelas y nietos merendaban tortas, los domingos, después de la misa. ¡Tiempos! Ahí, en esas fincas, hay una parte de negocio, pero también en los bares espontáneos y bien nutridos, o en los pisos de a 360 euros por cuatro días. O, desde luego, en los churros de chocolate a 1,5 euros unidad al lado del santuario, al lado de la casa rectoral donde, en dos taquillas, las señoras venden recuerdos de otros tiempos también a partir de la cifra mágica: 1,5 euros. La Pedra de Abalar, ayer, estaba remolona. Ni un pumpún por largo rato. La gente aprovechaba esa corriente estática y se sentaba sobre ella, o se sacaba fotos, con el mar de fondo. El mar de fondo, sí, con el mar como un plato. Tal vez el presidente de la Diputación, de visita ayer en su coche oficial, vio una parte de esa otra Barca.