En directo | Romería de los Milagros de Caión La palabra euro es una de las más repetidas en el entorno de la ermita más famosa del municipio de A Laracha, donde la fe se mezcla con la diversión
08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.? las doce del mediodía ya son pocos los caminantes que se acercan a Caión, pero todavía los hay, cubiertos con paraguas, chubasqueros o simples gorras, aguantando una lluvia persistente que no abandonará el santuario hasta el final de la misa solemne y que hará del paraguas la mercancía más vendida. Los que han ido en coche y han sido poco precavidos llegar a la ermita les costará entre ocho y nueve euros. Tres son los que cobra el dueño de una finca a la que, por otra parte, te envía un agente del Instituto Armado cuando le preguntas dónde se puede estacionar. Cuando le explicas que eso no es un aparcamiento sino un atraco y que es más barato dejar toda la tarde el coche en un parking de A Coruña se limita a encogerse de hombros. Realizado el trámite de aparcar y viendo que lo de la lluvia no tiene remedio, ya en el acceso al santuario te asaltan los vendedores de paraguas. Los hay a cinco o seis euros, según el vendedor sea del país (Galicia) o de África. En el camino al recinto se pueden comprar toda clases de cosas, desde un bolso a un juguete pasando por las rosquillas, que se disputan las abejas, y los exvotos y cirios. Poco después del mediodía lo más concurrido son los bares y los puestos que ofrecen bocadillos o churros. A unos les lleva el hambre y a otros los toldos que protegen de la lluvia. El agua que cae del cielo será la protagonista de la jornada. Incluso el cura que dice la misa intenta quitar hierro al mal tiempo y recuerda que cuando estuvo en las misiones la época de las lluvias era la más esperada. Ni así consigue levantar los ánimos y todo el mundo parece esperar a que acabe el oficio para marcharse cuanto antes de allí. El recogimiento no es lo más destacado de la celebración y en el propio campo se forman corros con conversaciones en las que la santa no tiene absolutamente nada que ver. Y no sólo eso, sino que a unos metros del atrio un tal Fuentefría que vende helados o intenta hacerlo, ameniza a los fieles con las canciones del verano. En algún lugar es posible escuchar al sacerdote y las últimas novedades de Bisbal al mismo tiempo. En las edificaciones de la iglesia, los colaboradores se afanan en atender a los fieles que también compran. Las misas van a siete euros y los calendarios, a tres. Además había numerosos recuerdos de la Virgen a precios variados, aunque la mayor parte de ellos de muy dudoso gusto. Dos bandos La parroquia parece dividida en dos bandos: los que aguantan de los mostradores y los que sostienen los cirios. Entre ambos no parece haber disputas porque si algo está claro es que en los Milagros se admiten todo tipo de ideologías. Lo deja bien claro el anuncio por megafonía de unas llaves de coche perdidas. En el primer pase no se dan más datos, pero en el segundo el cura ya deja claro que el llavero lleva la imagen del Che Guevara, al que el sacerdote parece hacer reconocido sin ningún problema. Los que acuden por devoción son los que se apretujan para entrar en el santuario para pasar por el manto de la virgen la estampa que acaban de comprar o encienden velas que hacen sofocante la temperatura dentro del edificio. Allí, en los bancos junto al altar sorprende encontrar toda una familia de color (negro). Degnora ha acudido con su hija y tres nietos. Viene de Santo Domingo, aunque vive en Carballo y le hablaron tan bien de la Virgen dos Milagros que ha acudido a pedirle «principalmente por mi salud». Por su actitud cualquiera diría que esperará allí hasta que le sea concedido el favor. Más rápida va Trina de A Coruña. Ella es veterana porque, según dice, ya venía con su abuela. Ahora arrastra a su hija y a un nieto adolescente que carga con varios exvotos y se comporta como si hubiera hecho muchas veces el mismo viaje y con la misma finalidad. La abuela señala que la Virgen le he concedido todo cuanto ella le ha solicitado. Entre los que llegan a pie hay un poco de todo, desde la panda de chavales que hace el recorrido para «pasalo tempo», hasta la señora de A Laracha que debe agradecer «un gran favor» al ama de casa de Carballo que hace el camino andando porque lo hacen las amigas.