El pulso de la Costa da Morte El polémico cartel anunciador de la Festa da Troita despierta debate. La solidaridad adopta forma de acogida de niños saharauis en la Costa da Morte
05 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La que se ha liado con las truchas de Baio. Una, que profesa un feminismo prudente y con xeito, no acaba de comprender cómo un cartel puede llegar a hacer peligrar una fiesta gastronómica. Nadie se rasga las vestiduras ante algunas fotos de ésas que anuncian la actuación de unas gogós en la discoteca de turno. Otro gallo canta cuando en el cartel aparecen unas troitiñas. En casi todas las fiestas dedicadas a este manjar casi siempre aparece un pescador con caña de las de miñoca, y nadie se enfada. A lo mejor a las feministas más recalcitrantes les gusta más. Claro, que no he visto al cañista como su madre lo trajo al mundo. La directora del Centro de Información á Muller de Carballo, Nieves Castañón, así como Lourdes Rey Fau y Fina Bastón, responsables de la Marcha Mundial das Mulleres en Bergantiños, analizaron ayer punto por punto el polémico cartel en el espacio Voces de Bergantiños de Radio Voz. Desde su punto de vista, estamos ante un claro ejemplo en el que se convierte a la mujer en un objeto para anunciar algo tan enxebre como una fiesta gastronómica. Flaco favor le hace a la trucha el cartelillo y la rubia que aparece en él, que seguro que no sabe dónde está el río Grande. Lourdes Rey aseguró que no quería ni imaginarse lo que podría el mismo diseñador del cartel «si se tratase da festa da parrocha». Ahora sería deseable que la fiesta se celebrase y que defensores y detractores del cartel se sentasen a la mesa para tener un pacífico debate en el que se sosegasen los ánimos y al final todos acabasen «botándolle uns bailes». ¿De qué lado está usted? Yo de la trucha, y si es de Baio, mejor. Dónde no hay truchas es en el Sáhara, pero los niños saharauis que llegaron este fin de semana a nuestras comarcas podrán verlas en el Anllóns, el Xallas, o el río Grande. Vienen a disfrutar de las vacaciones de verano en las casas de familias gallegas que han tenido el gesto de acogerlos durante unas semanas de Galicia. Proceden de los campos de refugiados instalados por el Frente Polisario en el desierto de Argelia. Allí el termómetro llega a marcar los cincuenta grados centígrados en un verano de los fresquitos. En los próximos dos meses los veremos pasear por las calles de Carballo, Camariñas, Cabana, Malpica o Vimianzo en compañía de su familia de acogida. Me alegra ver que la época estival se traduce para algunos en solidaridad. Que cunda el ejemplo. Vilagarcía de Arousa y Cee están más cerca, al menos sentimentalmente. Los vecinos de la localidad ceense recibieron a los arousanos en la Praza da Constitución. Ambas localidades veneran en sus parroquias a la Virxe da Xunqueira, lo que motivó hace unos años una primera visita de los ceenses a Vilagarcía. El domingo estuvieron presentes el teniente de alcalde arousán, Manuel Rodríguez Cuervo, y el regidor local, Antonio Domínguez . También se celebró una misa oficiada por los párrocos de ambas localidades.