«Souvenirs» del «Prestige»

La Voz

CARBALLO

En el recorrido por las playa de la Costa da Morte, el Prestige no es más que una especie de recuerdo del pasado. En el medio de la playa de Balarés, una piedra ennegrecida del tamaño de un balón de fútbol recordaba que algo pasó en la zona hace más de año y medio. Algún bañista comentaba que de cuando en cuando le aparecía en un pie el color marrón del fuel, o se lo llevaba a casa en la toalla. Se lo atribuía al Prestige , pero esos recuerdos diminutos de una marea negra pueden llegar de cualquier sentina. En Traba de Laxe, el accidente se recordaba, más que por restos negros, por algún cartel de Medio Ambiente. Y lo mismo ocurría en los demás arenales de la comarca recorridos ayer: los problemas de contaminación no venían del fuel, sino de la basura que, fiel a su cita, se acumula cada año en papeleras, contenedores y alrededor de ellos. Desde los ayuntamientos explican que no hay fondos y que no es cosa suya, que será otra Administración la que pague la limpieza, y hasta se preguntan anónimamente que por qué no se encarga de todo Costas, ya que es este departamento es el responsables de la franja litoral. Eran pocos ayer los bañistas que se paseaban por unas playas en las que se veía con más frecuencia que a los turistas, a patrullas de la Guardia Civil, vigilando, se supone, la llegada de fardos y la salida de furtivos. Las playas de la zona siguen siendo para los conocedores del terreno. Llegar a Gures, en Cee, es algo difícil de hacer a base de indicaciones, porque no hay cartel indicativo y el invierno ha hecho desaparecer el camino. Restrelo, en Fisterra Más o menos lo mismo le pasa a Restrelo, en Fisterra. Allí sí había cartel, aunque desapareció misteriosamente al mismo tiempo que el sol se dejaba ver. Lo que no falla son los bares y restaurantes: allí donde los hay, están ya abiertos a la espera de los turistas. A ellos la llegada del verano, aunque sea anticipado, no los coge nunca de sorpresa. Tampoco los paseos marítimos pasan el examen previo a la reválida de junio: si en Laxe brillan con luz propia las farolas rotas, en Corcubión el gran socavón de Quenxe -que por fin Costas se decide a arreglar- sigue fiel a su cita con los turistas. Si la lluvia no lo remedia, habrá que esperar todavía un mes para tomarle el pulso al verano. Pero puede que la lluvia no tarde nada.