Ellos van a cien por la vida

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Reportaje | Los más viejos de la Costa Morte Mujeres, nacidas bajo el frío del otoño-invierno, vecinas de zonas rurales, de 100 a 104 años, es el perfil de la mayoría de centenarias de los municpios de la comarca

09 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?aría Dolores Suárez Blanco nació en el siglo XIX. Si los registros civiles o las partidas bautismales no engañan -alguno puede que sí que engañe algo- es la única persona de la comarca que nació en el siglo XIX. Incluso aunque se pase la discusión matemática sobre en qué año acaba tal siglo. Ella es del 1899, uno después de la mítica fecha que tambaleó a varias generaciones en lo cultural, lo histórico y lo intelectual. Dolores Suárez cumplió los 104 el lunes. Hasta hace poco, en los municipios de la zona, la de 104 era casi una edad joven . Una vecina de Meanos-Zas se quedó, hace unos meses, a las puertas de los 106. Era la mayor de la zona. Le había sucedido en el puesto a una paisana de Piñeiros-Cambeda, que llegó a los 107. Y ésta había casi igualado con una de San Cremenzo de Pazos, y ellas a su vez recogieron el testigo de dos hermanas de O Allo (A Ponte do Porto), dignas herederas, desde luego, de cuatro hermanas centenarias de Senande-Muxía. La mayor, Carmen, se murió en el 2000. Le faltaban nueve días para cumplir los 108. Ahora, la reina es Dolores Suárez, de Mira-Seavia, decimonónica y como una rosa. Veamos quiénes son las princesas . Los ejemplos En Camariñas, la más longeva es otra porteña, Sofía Trinidad Miñones Leira. Cumplió los cien el día 1 de este mes. En este mismo municipio, le siguen, en estricto orden cronológico, imposible otro, dos vecinos más de A Ponte do Porto, uno que cumplirá 99 años el día 27 de este mes, y otro que tendrá 97. Una parroquia muy vital. En Senande (no es la mayor de Muxía), Josefa Esperante Canosa es la superviviente de cuatro hermanas, las Caseiras le llamaban. Primero se fue Carmen, después Dorinda, a los cien; Generosa, también por ahí, hará un año, y ahora queda Josefa, con 98, en buen estado de revista. Josefa Marcote Liñeiro es la más veterana de Corcubión, donde el próximo mes de abril, si todo va bien, celebrará los 103. Cerca de allí, en Fisterra, María Marcote Boullosa ve pasar la vida de aquella manera a sus 102 años, que los acaba de cumplir el 28 de octubre. En Zas, también tierra de resistentes, los primeros puestos también los ocupan mujeres, constante física ésta que se repite (por eso es constante) entre los más ancianos de la zona. Aurora Lema de Gontalde-Mira, es ahora la número uno . Acaba de llegar a los 102 años, fue el día 2 de diciembre (obsérvese la segunda constante: los que nacen a final del otoño, o principios del invierno viven más o, si no es así, lo disimulan bien). Dice su hija, que la cuida, que hasta agosto estaba bien, pero que ahora se le escapa el sentido entre los dos dedos corazón. En Baio, Josefa Blanco Rojo tiene 101, es la número dos , a muy escasa distancia (veinte días de junio) de Dolores Díaz, de Andregalla (Lamas) Manuela Juncal Gómez, de Villamir-Soandres (A Laracha) comparte con su parroquia la solemnidad de lo antiguo: vino al mundo el 6 de enero de 1901. En ese mismo año la acompañó, a 40 kilómetros de distancia y en el mes de marzo, Preciosa Souto, de Cabana. Más mujeres en el top-edad : Josefa Castro Lamas, de Rodís-Cerceda, tiene 101 años desde el pasado 19 de noviembre. Y Flora Paz Romar, que vive en Laxe, llegó a la cifra redonda de cien, todo a cien (años) unos días antes, el 31 de octubre. Y en Corme Aldea (Ponteceso), Josefa Castro Martínez llegará a los mismos años el próximo 16 de enero. En Carballo, un vecino de cumplió 102 años el 5 de noviembre (otro, en Rus, el día 6), y otro más los tendrá el 22 de enero. En Cances, un parroquiano llegó a los 101 el primero de diciembre. Pues éstas son, por ahora, las princesas mayores de la cuarta edad, flores prensadas de este mundo. Detrás de estos datos, casi telegrafiados, y que por su naturaleza pueden cambiar en cualquier momento, están codificados, por lo general, años de trabajo y penurias, a las que, desde luego, no se sustraen otras personas con treinta o cuarenta años menos. Ya no es que nunca hayan viajado en avión, que hayan visto la televisión, usado la nevera o la lavadora por primera vez en su jubilación o la luz eléctrica con el primer nieto. No. Son testigos privilegiados de formas de vida y comportamiento que, salvando largas distancias, enraizan con la Edad Media. Que no es la de ellas, y se pierde para siempre.