PASABA POR AQUÍ
23 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ERAN LA cara amable del Ejército. Mientras sus colegas americanos afinaban el tiro en hoteles llenos de periodistas y liquidaban iraquíes con la rutina y la indiferencia de quien pela patatas los nuestros, los españoles, se nos plantaron en la Costa da Morte para echar una mano. Por mucho que se mire en sus camiones no hay escopetas. Ni tanques ni banderas. Traían un armamento de cacerolas, duchas comunes, comedores de campañas y utensilios con los que hacer una guerra contra el fuel. Algunos siguen por playas y rocas dándole a la pala. Pero los que estaban en Muxía mimando a los voluntarios ya hicieron las maletas. Con su partida desaparecen sus uniformes y la sensación de estado de guerra permanente en que vivía el pueblo. Los echarán de menos. Sobre todo porque quien vaya a la soledad de Cuño o a las rocas negras Touriñán verá que la guerra no está ganada.