Una bandera reivindicativa por partida triple vuela por el pabellón de Laxe, donde desde ayer se alojan 200 saharianos. Han acudido de diferentes puntos de España para trabajar en la limpieza del chapapote después de ver la catástrofe en los distintos medios de comunicación. En el blanco de la enseña africana se podía leer: Sáhara libre, Nunca Máis y No a la guerra. Tres luchas que los visitantes hacían suyas. La globalización hecha realidad en la Costa da Morte en un pequeño trozo de tela. El grupo está formado por personas del Sáhara Occidental afincadas en España. Son principalmente emigrantes, estudiantes y miembros de delegaciones de este país en España. Su primer contacto con el fuel fue ayer en la playa de Mórdomo, donde estuvieron trabajando toda la mañana. Los más jóvenes sonreían después de la jornada de trabajo. Los más mayores ya no tanto: «El trabajo es duro porque el chapapote está pegado a las rocas y tenemos que rascar mucho para sacarlo», asegura Mohamed Sallen, uno de las integrantes del colectivo. El pabellón de Laxe, que luce en sus paredes recuerdos de solidarios, manchegos, vascos y argentinos, entre otros muchos lugares, hizo un hueco a los africanos. Algunas imágenes insólitas hasta ahora en el pabellón, como mujeres con velo, se mezclaban con otras de las más normales. Los saharianos entretenían su tiempo muerto echando una pachanga de fútbol con jóvenes locales frente al colegio Eugenio López o tocando la guitarra española.«El pueblo gallego y el español siempre ha sido solidario con nosotros. Ahora, aunque seamos pocos, hemos venido a echar una mano en lo que podamos», comenta Salen Ali-Tares, un joven llegado de la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache.