La mala suerte de las Sisargas

Gabriel Rivera CARBALLO

CARBALLO

CASAL

Las Sisargas son dos pequeñas islas que se levantan frente a la costa de Malpica. En su interior, una buena cantidad de matorrales, una colonia de araos y un faro que cuando cae la noche parpadea incansablemente. El Prestige también ha querido dejar su huella en este archipiélago. La zona más afectada es la conocida como playa das Cunchas. Allí, se acumula grandes cantidades de fuel y cada día sale más del fondo del mar. Las tareas de limpieza realizadas en este lugar han sido escasas por diversos motivos. Parece que a las islas las ha mirado tuerto y que en su moneda siempre sale cruz. Primero quedó fuera del Parque das Illas Atlánticas y, por lo tanto, el régimen de protección de sus tesoros naturales es menos restrictivo que el otras islas, como la de Ons y la de Sálvora. Su mala suerte no se quedó ahí. La primera expedición de limpieza del archipiélago no se organizó hasta pasadas varias semanas del desastre. Por segunda vez, en poco tiempo, las Sisargas eran el blanco del olvido del ser humano. Eso sí, cuando se comenzó la labor de limpieza, los marineros de Malpica realizaron una gran labor. Cuentan que algunas personas pusieron en peligro sus embarcaciones y sus vidas por regresar a puerto con grandes toneladas de chapapote.Estos trabajos tuvieron que suspenderse por culpa del mal tiempo y de algunos problemas de los marineros. Los temporales azotaron durante tres semanas el litoral de la Costa da Morte. El mar fue trayendo más y más cantidad de fuel a las orillas de las Sisargas, al tiempo que era imposible que los pescadores se acercaran allí para retirarlo. La semana pasada se retomó la tarea. «Estiveron cinco días traballando alí e sacaron bastante cantidade», asegura el secretario de la cofradía de Malpica, José Manuel Vila. Pero como no hay bien que cien años dure, esta semana se ha vuelto a suspender la limpieza. «A xente que estaba indo alí, está agora traballando na zona de Beo, onde esta semana se abriu unha pista», explica José Manuel Vila. De este punto se retiran diariamente entre seis y siete toneladas. Mientras, las Sisargas siguen esperando ese día en que las playa das Cunchas esté libre del fuel. No les queda más que confiar en un hombre, que a veces las olvida.