EL BERRO SECO | El discreto bote del párroco de Cesullas

La Voz

CARBALLO

«Que bote el cura, que bote el cura», gritaba la marabunta después del Berro Seco. Esta consigna es ya casi una tradición en la romería. El párroco de Cesullas accedió. Saltó discretamente, del brazo del alcalde de Cabana, pero botó entre el jubilo de los asistentes, sobre todo los más jóvenes. Antes Francisco Domínguez Lobelos había cumplido veinticinco años dirigiendo el Berro Seco. Todo fue según el folclore popular. Primero el himno de San Fins, que no tuvo mucho éxito porque casi él único que lo cantó fue el propio cura. El andar miudiño y el oliñas veñen rivalizaron por convertirse en las canción más entonada a lo largo de la jornada. El santo del pólvora y el Berro Seco concentraron al personal enfrente al palco de la orquesta, pero no sirvió para que los más animados dejarán de lado los cartones de Don Simón y se concentrasen en el bramido. Alguno incluso se agachó y se levantó con la botella en la mano, como un verdadero profesional de la taberna. Luego llegaron las meriendas para las familias y las siestas. «Éstos non son bebedores de viños», comentaba un jubilado a pie de árbol. Menos mal. llegan a serlo.