Mosquetín es mucho más que sus batanes que hacen que este lugar del concello de Vimianzo sea conocido en toda Galicia. Esta vieja industria por donde transcurre el agua cadenciosa son su gran atracción, pero no la única que se pueden encontrar los que den con sus huesos en un punto tan pequeño como sorprendente. A mano izquierda, según se enfila la carretera para Baio, se levanta un poblado menudo en el que las granjas y las casas muy bien entrelazadas comparten el poco espacio que hay. Un reparto que sorprende a los que llegan y no conocen el lugar. La carretera al final llega a Señoráns. Para acceder a las viviendas no hay más que recurrir a unos pequeños carreiros en los que debajo de la tierra se perciben los restos de lo que un día debió ser asfalto, pero por donde ahora es muy difícil, o casi imposible, circular. En esta aldea del concello de Vimianzo, reciben al expedicionario tres perros que amenazan ser bravos con sus ladridos al oído del motor del coche y las pisadas, pero que una vez que sienten la presencia humana cerca huyen despavoridos. Una vez superado este obtáculo, el visitante puede adentrarse en este lugar en el que las casas, casi todas pintadas de blanco, están decoradas con hermosas y verdes plantas que dan un color muy vivo a la localidad, aunque el sol se resista a salir por los rigores del clima que se vive en toda la Costa da Morte. Para abandonar la aldea no queda más remedio que volver a pasar por las cercanías del río, cosa que merece la pena, y dejarse llevar por su cantarín ritmo a cada paso por uno de sus recodos.