En los colegios de la Costa da Morte comparten aulas niños de la zona con otros de diversos países y culturas Los niños suelen pecar de sinceridad. Una virtud o defecto, según cada cual, que les permite ver el mundo muchas veces desde un prisma lejano al de los prejuicios y que hace más fácil la convivencia con personas llegadas de otras latitudes. En los colegios de la Costa da Morte se han matriculado en los últimos años numerosos alumnos que son hijos de inmigrantes, principalmente argentinos y uruguayos, aunque también hay de otras nacionalidades sudamericanas y algún magrebí. La convivencia en las escuelas va como la seda, lejos de la polémica que se ha suscitado en Madrid en la última semana por culpa del «hiyab».
22 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Los alumnos llegados de países sudamericanos tienen en la lengua un gran vehículo de socialización con sus compañeros. Arribar de naciones en las que se habla español sólo obliga a los centros de la comarca a realizar una adaptación curricular del recién llegado. «A veces atopamos máis marxinación hacía rapaces que son de aquí, pero de etnias distintas, como os moinantes, ca cos extranxeiros», dice el director del colegio Fogar de Carballo, Fernando López Soto. Nacionalidades La mayoría de los niños extranjeros que están matriculados en la comarca son argentinos. En el Fogar y A Cristina de Carballo, en el Eugenio López de Cee, el Eduardo Pondal de Ponteceso y el Eugenio López de Laxe son algunos de los centros que tienen alumnos de este país andino. También es importante el número de chicos uruguayos. «No suelen tener problemas de adaptación, sólo tienen que incorporarse al sistema educativo», apunta Manuel Barrazán, secretario del centro de Ponteceso. El colegio A Cristina de Carballo es uno de los que más alumnos foráneos tiene. Además de sudamericanos, hay un niño de Santo Domingo y otro marroquí.