El festival de Carballo levantó el telón con un ciclo de cuentacuentos por locales nocturnos de la localidad La primera píldora del Outono de Teatro fue la del humor, placebo contra el desaliento y el malhumor. Bajo el epígrafe da «A Rúa dos Contos» se encuadraron tres actuaciones de diferente calado, pero que tuvieron en común el retrueque y el juego con la polisemia de las palabras para conseguir dibujar la sonrisa en la faz de los asistentes, que, por cierto, abarrotaron los tres locales nocturnos de Carballo en los que se llevaron a cabo las primeras actuaciones. La primera parte se saldó, como el año pasado en el que también actuaron tres cuEntacuentos para abrir el festival, entre risas. El lunes se representará la primera obra.
02 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Diez de la noche. Cafetería Valle-Inclán. Un joven barbado, medio rapado y con camiseta lila de manga larga da botes de un lado al otro del bar a ritmo de música heavy. Es Marcos. Cuando acabó de bailar supimos además que era cuentacuentos y que se debía pasar buena parte de las tardes con los ojos clavados en la televisión porque si no es imposible el dominio que demostró de la programación de la caja tonta. Desde las pelis hasta las series juveniles. El primer torero de la noche explicó, con la ayuda del público y de sus contorsiones faciales, como funciona la lógica de los telefilmes basados en hechos reales. Al tiempo, se preguntó si los protagonistas de los anuncios de compresas se las ponían o se las fumaban porque no se entendía como podían producir tanta felicidad. Un simple adiós fueron los timbales que marcaron el cambio de tercio. Segundo toro Once de la noche. Pub Esquema. «Son Pepo y vengo de Ferrol, la única ciudad con una estatua equestre por partida doble: tenemos un burro montado en un caballo», escuálida y efectiva presentación. Luego decidió emular a Leonard Bernstein en West Side Story y ahondar en las versiones de Romeo y Julieta. Eso sí, los Capuletos fueron los ladrillos y los Montescos, las piedras. Acabaron como el rosario de la aurora. Después de profundizar en Shekespeare, siguió con Lorca. Pepo dio su particular visión del Romance de la Guardia Civil española. La archifamosa mala uva pasa del benemérito cuerpo salió una vez más a relucir. Último de la noche, madrugada. Pub Silfo. Actuaron Os Tristáns, aquel grupo que una tormenta de verano arrebató a los carballeses. No hubo ningún milagro de resurección, sólo volvieron a ofrecer un concierto que moralmente debían al público. Dieron un recital a capella en el que intercalaron gracietas para hacer más ameno el tributo que brindaron a sus propias voces. Acabaron presentándose con un son cubano. Más ron, que aún quedan siete días.