La prudencia y la experiencia

La Voz

CARBALLO

SANTIAGO GARRIDO PERFILES

27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Sueiro y Soneira, Soneira y Sueiro, comparten homofonía casi hasta en el apellido. Y en los gestos. O en las actitudes. De conversa, parecen los responsables de sus respectivos partidos cuando en el Congreso pactan los representantes de los órganos constitucionales. Pero no son tan iguales, por más que pidan y quieran lo mejor para la Costa da Morte. Alberto forma parte de esa primera generación de habitantes de estas tierras, sobre todo las de Bergantiños, que accedieron en masa a la Universidad, la que ronda los cuarenta. Y Marisol, que tampoco le lleva tantos, procede de esa estirpe de palilleiras y mariscadoras de la costa del Finisterre a las que les quedaban tan lejos las facultades como los medios para acceder a ellas. Esto marca carácter, aunque no se destile en un café. En un café, al hablar de los problemas de la Costa da Morte, da la impresión de que Marisol se acerca cada vez más al mundo de Albeto y viceversa. Que una lucha, para ella y para otros, por metas hasta hace pocos años imposibles, y que otro trata de conocer qué estaba pasando ahí al lado, donde ruge el mar. Sueiro es aún un novato en la prédica, o un prudente, que es virtud. Tiene cara de niño grande que gusta a las señoras y jura que ni está agobiado ni quiere estarlo. Que nadie le pide favores, aún. Que de postularse para la alcaldía de Carballo ni-me-hables, que nada de nada y qué cosas dices. No sabe qué tanto por cien tiene de que haya perdido votos el BNG, si lo tiene. Y que le ilusiona estar en el Parlamento y la vida es muy linda. Dos años y medio Marisol, en cambio, ya lleva mucha cartilla. Quien lo diría, con sólo dos años y medio. Pero como que fuera un mes. Señor conselleiro, ahí le mando 269 preguntas. Que perdone la comparación, pero a veces parece Fraga con los mil gaiteiros. Veña preguntas, y casi todas de la Costa da Morte. Es locuaz como los marineros, y va al grano: contos non enchen y punto. Seguirá de concejala en Camariñas, le llama la atención que los paisanos le pidan cosas como si estuviera en la Xunta, tiene un coche con el que hace el puente viario Camariñas-Santiago y, atención Alberto, la política ya le ha granjeado su cupo natural de amigos y enemigos.