La uva gallega puede «afrontar las consecuencias del cambio climático»

Galicia tiene un potencial vitícola que incluye variedades que pueden solucionar alguno de los problemas causados por el calentamiento

Vendimia en los viñedos de Antonio Saborido
Vendimia en los viñedos de Antonio Saborido

 Galicia dispone de una «amplia diversidad» de variedades de uva y fermentos de vino de «gran utilidad» para «afrontar las consecuencias del cambio climático» en vitivinicultura, «ofreciendo soluciones a corto o medio plazo» para el sector.

Así lo ha constatado la Estación de Viticultura e Enoloxía de Galicia (Evega), integrada en la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (Agacal) de la Consellería de Medio Rural, a través de un proyecto de investigación sobre la materia.

En un comunicado, la Xunta ha explicado que el cambio climático «modifica el desarrollo y la maduración de la uva». De este modo, según ha señalado, el efecto «más notable» es el «aumento de la concentración de azúcar» y «una reducción de la acidez en el mosto», que influye en la fermentación y, finalmente, en las características del vino.

En concreto, para evaluar esta incidencia, la Evega ha desarrollado el proyecto Diversidad de levaduras y de variedades de vid para la adaptación al cambio climático en vitinicultura, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica.

Este iniciativa, tal y como ha indicado el Ejecutivo autonómico, fue presentada en la convocatoria de subvenciones en régimen de competencia competitiva de la Fundación Biodiversidad para la realización de proyectos sobre la adaptación al cambio climático 2016, que fue evaluado positivamente y otorgado para su ejecución durante el periodo julio de 2017 y junio de 2018.

Importante potencial vinícola

En este sentido, la Xunta ha explicado que en el proyecto se utilizaron los datos disponibles de los estudios realizados sobre variedades conservadas en la colección de viñas de la Evega.

Así, ha señalado que fueron evaluados el ciclo fenológico y el potencial enológico de las distintas castas, para «valorar la variabilidad disponible frente a los efectos del cambio climático».

«Se constató que Galicia tiene un potencial vitícola importante que incluye variedades de ciclo largo y alta acidez que pueden solucionar alguno de los problemas causados por el cambio climático, como es la Loureira, entre las variedades blancas; o el Caíño Longo, Caíño Tinto o Sousón, entre las tintas», ha asegurado el Gobierno gallego.

Además, ha explicado que, en otras variedades de ciclo corto, pero «con altos valores de acidez», como Albariño o Caíño Branco, «el aumento de la temperatura favorecerá una disminución de la acidez» y «permitirá la elaboración de vinos más equilibrados».

En esta línea, la Xunta también ha informado de que, a partir de la colección de fermentos vinícolas de la Evega, se evaluaron 60 cepas por su comportamiento fermentativo y «capacidad de producir etanol».

En total, 14 fermentos fueron preseleccionados y probados en microvinificaciones para «investigar su influencia sobre la composición química de los viños» y «su potencial para mitigar los efectos del cambio climático».

De ellos, Metschnikowia fruticola Mf278 y Lachancea termotolerans Lt93 destacaron por su «capacidad para reducir el grado alcohólico del vino» y «aumentar la acidez», respectivamente; además de tener «una influencia positiva sobre la calidad organoléptica del vino».

La científica que descubrió el aroma del albariño

m. alfonso

Su libro sobre los compuestos que dan olor a las uvas, premiado por la Organización Internacional de la Vid

Los yogures no saben a fresa. Huelen a fresa. «Sabores solo hay cuatro: dulce, amargo, salado y ácido. El resto, son aromas». Lo dice una científica que ha dedicado sus últimos veinte años a estudiar científicamente a qué huelen las variedades de uva de Galicia. Con todo ese trabajo acaba de publicar un libro que, además, ha obtenido uno de los prestigiosos premios que otorga la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV). Es la primera publicación en España que recoge una investigación sobre los compuestos que dan aroma a las variedades de uva. Normal que sepa de aromas. «La boca y la nariz están conectadas mediante la vía retronasal. Cuando metes el yogur en la boca, se calienta y el aroma asciende por esta vía retronasal hacia la nariz. Por eso incorrectamente decimos que sabe a fresa», explica.

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