Ribeira despide a Rosario Crugeiras, la modista que cosió una gran familia

Matilde García Cunqueiro

BARBANZA

La ribeirense enseñó a decenas de vecinas
La ribeirense enseñó a decenas de vecinas

Falleció el Día de la Mujer Trabajadora, una conmemoración que la define perfectamente, porque a sus 92 años aún se sentaba a la máquina dando muestras de su buen hacer

11 mar 2026 . Actualizado a las 11:19 h.

El fin de semana despedimos a Rosario, o a Rosi, como la llamábamos los que la queremos y recordamos con mucho cariño. Y no es casualidad que le dijéramos un ¡hasta siempre! en el Día de la Mujer Trabajadora. Ella fue una ribeirense que desde muy joven estuvo consagrada en cuerpo y alma a su trabajo de modista, formando por aquel entonces un taller de la más alta costura en un cuarto de su casa.

Allí reunía a diario y entusiasmada a un gran número de jóvenes, que se veía incrementado en las vacaciones de verano. Gracias a aquel aprendizaje, hoy saben coser, subir un bajo o pasar un hilván; y, que a pesar de los años transcurridos, seguían visitando con frecuencia y agradecidas a aquella gran maestra que con verdadera vocación tanto les enseñó. Pero Rosario, no solo recibía estas visitas sino que entorno a ella y en aquel cuarto de costura, congregaba a todo el barrio de la Barreira y Padín formando una gran familia de muchos años.

Su casa era un lugar de paz, de encuentro y reunión para amigos y vecinos y a la que ella invitaba a pasar a todo aquel que simplemente la saludaba. Y es que así era Rosario. Allí, todas nos sentíamos acogidas y arropadas. Ella, con esa bondad, ternura, humildad, cercanía y sabiduría que la caracterizaban, escuchaba nuestros problemas, nos daba consejos, recordaba su vida, a sus padres, a los que tanto amaba, y nos regalaba muchas lecciones de vida.

Con sus coetáneas recordaba buenos momentos de juventud pero también de dolor. Sin embargo, en casa de Rosario tampoco faltaban las risas, los cumpleaños, las sesiones de fotos, las anécdotas, las sorpresas y ella vivió siempre feliz, rodeada de su familia, de sus queridos sobrinos, de sus incondicionales vecinas, siempre dispuestas a atenderla en todo y a acompañarla, y de Carmen, que en estos últimos años la cuidó como a una madre y la quiso como una hija.

Y así vivió Rosario hasta sus últimos días. Una mujer buena, sencilla y un gran referente para todas las generaciones.

Hasta siempre, Rosi, te vamos a echar mucho de menos. ¡Un beso al cielo!