Eslora, manga y calado

José Vicente Domínguez
José Vicente Domínguez LATITUD 42°-34’, 8 N

BARBANZA

Buque Savanna Breeze con atún, en el muelle de A Pobra
Buque Savanna Breeze con atún, en el muelle de A Pobra CARMELA QUEIJEIRO

05 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando describimos el volumen de una cosa, lo referenciamos por sus medidas: largo x ancho x alto. Y así nos sale un paralelepípedo rectangular o el equivalente a una caja de cerillas de las de antes. Pues lo mismo sucede con las medidas de los buques cuando nos referimos a la parte sumergida hasta la línea de flotación, que es lo que aquí nos interesa. Los demás añadidos desproporcionados que observamos por encima de la cubierta de ciertas embarcaciones, contradice el dicho marítimo de «lo estético es estable». Y también es aplicable a edificios adefesios con añadidos «bajo cubierta» tan habituales en nuestras ciudades.

Pero volviendo a la cuestión. ¿Es acaso un buque una caja? Pues sí. La diferencia radica en los retoques que queramos darle a las aristas de la caja que, en construcción naval, se conoce como coeficiente de afinamiento prismático. O sea, retoques que se le dan delante, atrás y en los lados de la caja para que, en lugar de una gabarra pueda convertirse en un barco, partiendo del principio mencionado de «lo estético es estable». Claro que hay que pensárselo bien para armonizar las tres magnitudes de eslora, manga y calado. Así, una vez conocemos estas magnitudes, hay que empezar por definir la cuaderna maestra que viene a ser la sección transversal de un buque en el punto de mayor manga y, a partir de ahí, ir perfilando las líneas de agua hacia proa y hacia popa, en función de la eslora, el calado y la capacidad de carga que se pretenden.

Como me dijo en una ocasión el gran maestro de carpinteros de ribera, José Rodríguez Saavedra, «las líneas de agua deben ser desenvueltas… en ello radica la buena navegabilidad». Y esa norma, incluso es aplicable a cualquier otra faceta de la vida. El trazado de un barrio lleno de aristas y obstáculos, obstruye la fluidez de las comunicaciones y dificulta la vida de la población de la zona. Veo que, al igual que yo, están pensando en ciertas barriadas de reciente construcción.

La eslora suele ser la estrella. Es la medida mayor de un buque e interviene directamente en la velocidad. Jorge Juan, ingeniero naval y científico, allá por el siglo XVIII, dejó dicho aquello de: «Dame eslora y te daré velocidad». Y hablando de eslora, permítanme la anécdota. Partiendo de que las medidas de las embarcaciones deben ser de total exactitud, sin que sirvan las aproximaciones, sucedió que un joven ingeniero naval inspeccionando una construcción, dudó de los 18 metros de eslora que le decía el Sr. Saavedra. Molesto el maestro, mandó medir de nuevo y, con su habitual retranca, le confirmó: «Son 17 metros y un poco más de un metro escaso»…. Aquel ingeniero, nunca más volvió a discutirle las medidas al gran Saavedra.

Pero por importante que sea la mayor longitud de una embarcación, de nada serviría un barco veloz si carece de suficiente manga y calado, en proporciones imprescindibles para su estabilidad. Funciones que, extrapoladas al ámbito político y de gobierno, cuantas veces la estabilidad se suele conseguir con manga ancha, mucha manga ancha pero, desgraciadamente, con muy poco calado.

Claro que siempre habrá quien pretenda reforzar la estabilidad, añadiendo un pesado lastre en la sobrequilla, sin darse cuenta de que tendrá que cargar con él el resto de la vida útil de la embarcación. Y ustedes ya me entienden.