Olegario Sampedro, un vacío irreemplazable

Eduardo Galovart IN MEMORIAM

BARBANZA

Olegario Sampedro
Olegario Sampedro CARMELA QUEIJEIRO

Eduardo Galovart recuerda al maestro de Ribeira fallecido esta semana a los 60 años

02 mar 2026 . Actualizado a las 14:30 h.

Llevamos meses preparándonos para despedirnos, para estar sin ti, para asumir que, aunque ya no te encuentres aquí, seguirás presente entre nosotros: de otra manera, totalmente etérea, abstracta, impalpable pero sutil, próxima, continua y, sobre todo, eterna.

Estarás en el bar de Betanzos adonde nos escapamos hace muchos años a tomar unas cervezas y reírnos. Reírnos mucho, a carcajadas, como tú sabías bien. Estarás en todas las casas de turismo rural en las que disfrutamos tanto juntos, mayores y pequeños, con tus risas, tus ciervos imaginarios, tus historias de fantasmas que Ana, Carme, Cata, María, Fernando, Javier y Jaime escuchaban ensimismados por tus grandes dotes de narrador imaginativo, envolvente, que conseguía tener a todos pendientes de cualquier palabra que fueses a decir.

Esa misma facilidad de contar historias a los más pequeños se fue consolidando con el paso de los años para terminar plasmándolas en los brillantes e inteligentes artículos que escribiste en La Voz de Galicia, y que merecían ser recopilados en una antología al estilo de patente de corso. Xa cho disen, e non me fiseches caso. Ahora eran reflexiones para mayores, para tu familia, tus amigos o los innumerables conocidos que hiciste en Ribeira pero también en media Europa. Porque tantísima gente ha disfrutado de tu compañía, de tu ingenio, de tu desternillante sentido del humor, de tu facilidad para relacionarte absolutamente con todo el mundo, donde fuera que estuvieses, cualquiera que fuese su edad, condición social o nacionalidad, que el vacío que dejas en todos ellos es difícilmente reemplazable.

Qué tristes se van a quedar las arenas de Coroso, las de la Corna, las de la Catía, las de la pre Secada donde tanto disfrutaba Mage contigo, las de Prado; llorarán los prados de A Curota donde nos cercaron los caballos salvajes, o el mirador da Pedra da Ra, donde contamos, unos con más suerte que otros, los cometas que surcaban el negro cielo en las noches de San Lorenzo. No se te resistieron tampoco los petroglifos en la oscuridad, pero tampoco la literatura, la pintura, los museos de todo tipo, el saber y la cultura en general. Y el ayudar, ayudar como lo has hecho a tantos como han acudido a ti.

Tantísimo dejas en Pura, en Ana, en Carme, en tus hermanos, en tus vecinos, en los que compartieron tus incontables cruzadas por los motivos más nobles y más solidarios, que tardaremos mucho, o quizá demasiado, en encontrar a otro igual.

Gracias mi gran amigo Olegario Sampedro, por habernos dado tanto y de tan alta calidad. Descansa en paz para la eternidad, pues así estarás hasta que se vaya el último de los que te hemos conocido.