Una de vaqueros

Antón Parada NON CANIMUS SURDIS

BARBANZA

11 ago 2020 . Actualizado a las 21:39 h.

Sonido de planta rodadora, espuelas, pianola de cantina y obertura de Morricone -mis condolencias atrasadas al genio- para esta columna, por favor. Bien, ya podemos desenfundar.

En los últimos años ha quedado patente que situaciones de inseguridad que parecían extintas en la comarca amenazan con imponerse como la norma. Más que norma, una extraña y cutre evocación de la ley del salvaje oeste que, ¿cómo no?, pagan caro los ciudadanos de a pie.

Si el año pasado parte la sociedad ribeirense se quedaba helada al saber de un atraco en una gasolinera, con un disparo a bocajarro de recortada que bien pudo acabar en una suerte de A sangre fría, esta vez le ha tocado ser encañonada a la trabajadora de un supermercado del mismo municipio. No es ninguna casualidad ni una banda de forajidos que haya aparecido por arte de magia huyendo de sheriff en sheriff.

En la capital barbanzana, los vecinos han sido testigos de una escalada progresiva de robos que se asocia, principalmente, a un perfil de consumidores de distintas drogas. No es la única escena que tanto se temía que regresase, puesto que los titulares sobre los casos de okupación de viviendas también han resucitado.

Lejos de caer en esa errada idea poética de que solo se meten en casas propiedad del banco, les aseguro que es duro escuchar cómo una familia lo primero que teme perder no es el acceso a su hogar, sino los recuerdos de toda una vida que contiene.

Es hora de decirlo seriamente. Ribeira necesita más profesionales de policía nacional y local. Este wéstern no va a terminarse solo galopando hacia el ocaso.