Obra pública


Como los años se van sumando en mi cuenta vital ya he visto unos cuantos despropósitos en grandes obras realizadas en la red viaria de nuestro entorno. Basten como ejemplos el proyecto, diseño y ejecución de la mal llamada vía rápida: una infraestructura que tuvo el lamentable registro de cuarenta muertos en cinco años de servicio. Eso sí, los responsables de tal despropósito se apresuraron a echarle la culpa a los conductores de la comarca; mentira que quedó en evidencia cuando se dispuso de una vía decente.

O el elevado incremento de siniestros mortales producido tras la entrada en funcionamiento de un tramo alternativo de la N-550, a la altura de O Faramello, por los gravísimos fallos de diseño; que provocaron su cierre y reforma a los pocos meses. ¿Cómo pueden ocurrir semejantes errores con tan graves consecuencias?

Pero hay otros muchos que aún sin víctimas también llaman la atención. Por ejemplo, hace poco tiempo que se ejecutó la ampliación de la AP-9 en su tramo de circunvalación de Santiago, donde se producían grandes retenciones, sobre todo primera hora de la mañana. El punto más caliente era la salida norte, utilizada también por los vehículos que se dirigían al aeropuerto, a Lugo o a A Coruña. Pues bien, se aumentaron de dos a cuatro los carriles en esa zona, pero la salida se hace por uno solo durante unos doscientos metros, hasta que aumenta a dos separando los vehículos que van al aeropuerto y Lugo de los que entran a la ciudad.

Con ello, puntualmente, persiste algún problema de retenciones en la zona después de una grandísima inversión y cuando hay espacio o fórmulas para mejorarlo.

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