Las crisis del ladrillo deja su huella en el paisaje barbanzano

Ningún municipio se libra de la existencia de edificios sin rematar, algunos con tanta antigüedad que hasta tienen vegetación


Ribeira / La Voz

Antes de la crisis del ladrillo del 2008, que liberó de grúas el cielo de la comarca y dejó un reguero de fincas horadadas o con esqueletos de hormigón, ya se habían producido otras, como la de finales de los setenta, cuya huella continúa hoy siendo visible. Siguiendo una hipotética ruta de edificios a medio construir, en Barbanza sería posible efectuar un seminario sobre arquitectura y otro de economía. En el primero, un técnico podría explicar cómo han variado las técnicas edificatorias, los diseños e, incluso, algunos materiales. En el segundo sería posible aprender de manera práctica, con el guía adecuado, cuáles han sido las principales recesiones en la España contemporánea, las causas y las consecuencias.

Al margen del provecho que podría sacarse a tanto hormigón y ladrillo como hay erosionándose, cabría pensar también si no existe alguna fórmula para impedir que la lista de edificaciones sin concluir continúe aumentando. Hay algunos inmuebles tan arraigados en el paisaje que hasta las hierbas crecen en ellos y otros, afortunadamente, ya están parcialmente ocultos por la vegetación que crece sin cesar y que nadie se molesta en cortar. Ya que no es la mano del hombre, puede que sea la de la naturaleza la que consiga ocultarlos parcialmente.

En un momento en el que la Lei do Solo establece la obligación de los propietarios de acabar las construcciones, labor de control que deja en manos de los ayuntamientos, resulta que hay decenas de fallidas viviendas que llevan dos décadas, algunas más, deteriorándose y constituyendo un foco de problemas para vecinos y ayuntamientos.

Causa de molestias

Los inmuebles a ladrillo o de los que solo se levantó el armazón son origen de numerosas molestias. Algunos vecinos dicen que en ellos abunda la suciedad, que se desprenden elementos de la fachada o que provocan filtraciones a las viviendas colindantes.

Los ayuntamientos reconocen la existencia de problemas derivados de unas edificaciones que están a merced de la lluvia y el viento. Especialmente en Carnota, Boiro, Ribeira y Porto do Son, donde no es la primera vez que tienen que sufragarse con dinero público actuaciones para evitar que el deterioro vaya a más.

Sin embargo, no parece que en este caso se adopten medidas para acabar con unos elementos que contribuyen enormemente al feísmo. La mayoría de estas construcciones, además, están situadas en zonas costeras o en primera línea de playa, por lo que es bastante difícil que pasen desapercibidas.

El problema, dicen los concellos, es que no se sabe quienes son los promotores, ya que muchas firmas quebraron. Y así, la colección sigue aumentando.

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