Su señoría

Maxi Olariaga

BARBANZA

26 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Hay señorías que no se sientan en los escaños del Congreso sino en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo.

Hace más de dos años, apenas iniciados los pasos tendentes al procesamiento de su señoría el juez Baltasar Garzón, oí decir al maestro Manuel Rivas: «Es un cruel sarcasmo que la única persona imputada respecto a los crímenes del régimen fascista español, sea el juez que se ha atrevido a investigarlos».

Ustedes que siguen la información diaria saben sobradamente que hace unos días muchos de nosotros hemos pasado por el bochorno de ver al juez Garzón declarando en la causa que contra él se sigue por su instrucción del caso Gürtel.

Está visto para sentencia este proceso y sin apenas dar aliento al acusado ya comienza el juicio al que se refería Manuel Rivas.

Así es que su señoría, Baltasar Garzón, tendrá que pasar por la ignominia de ver como sus compañeros le juzgan por querer aclarar donde se hallan los ejecutados sin otro juicio que el que produce el rencor y la venganza más miserable de la condición humana.

Su señoría está sentada en el banquillo, que no escaño, mientras en los escaños, que no banquillos, se sientan con toda seguridad gentes que han hecho y aún harán lo posible para que Baltasar Garzón pase las de Caín ante la ley nunca mejor llamada del embudo.

En este país de chiste se producen estas humoradas trágicas y lo peor de la caverna sigue vivo en muchos editoriales presto a descargar el golpe a la menor ocasión.

Amigos del alma, pasan de la noche a la mañana a no conocerse y defensores del pase lo que pase, ahora parecen no haber dicho nunca aquella frase de contigo hasta la muerte.

Su señoría Garzón ha hecho mucho por nosotros, o es que ya nadie recuerda quién levantó las primeras alfombras sobre el narcotráfico gallego.

Mientras siguen sin aparecer centenares de millones, en Levante, la justicia lleva seis semanas discutiendo con el que se pagaba sus trajes. ¡Por favor! Más plural.