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Hosteleros y clientes fumadores no esconden su malestar por la normativa antitabaco a solo 72 horas de su implantación
05 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Que nunca llueve a gusto de todos es algo que ayer con los chaparrones que hubo a lo largo del día, pensaban muchos vecinos de la comarca. Por una parte, los había que juraban en hebreo al tener que salir a fumar a la calle tras de años haciéndolo en la barra del bar y en compañía de un café, vino o caña. Mientras, otro sector, el que sirve los mismos cafés, vinos o cañas, también invocaba a los antepasados de la actual ministra de Sanidad y su antecesora por las pérdidas que la nueva ley antitabaco puede ocasionar.
Una de las zonas que sirve para ejemplificar la nueva condena con la que han sido acorralados los fumadores de este país es el parque García Bayón de Ribeira. Se trata de un área que cuenta con un parque infantil, situación que según fija la nueva normativa también implica la prohibición del tabaco en las terrazas de los bares. Aunque ayer no había terrazas y sí mucha lluvia, los clientes de los bares ya atrancaban sus puertas de acceso mientras consumían los primeros pitillos del día.
Manuel Sieira es el propietario del bar Doble S, «unha tasca na que a xente ven a xogar a partida e tomar a chiquita. Agora os clientes non poden fumar e cando están coas cartas teñen que saír en manada. Non é xusto. O que deberían facer é deixar unha licenza para que os bares que queiran poidan deixar fumar e non teñamos perdidas».
Justo en la puerta del Doble S, dos clientes ratifican, pitillo en mano, la teoría de Sieira: «Agora é peor, xa que as veces fumas dous seguidos para tardar máis en volver», apunta uno de ellos.
Niños y cigarros
A pocos metros, Javier Castelao, propietario del bar Castelao, explicaba que la previsión es que la nueva norma no genere pérdidas, «xa que a xente ben igual e tarde ou cedo se acostumará a situación». Opinión contraria es la de su colega Alberto Costa, titular del establecimiento hostelero Portobello. Este local se encuentra justo en frente del parque infantil, situación que condena a los fumadores a abstenerse de encender un cigarro incluso en la terraza.
Lo que sí parece claro es que todos estos establecimientos ya han almacenado o tirado los ceniceros que antes ocupaban las barras y mesas de sus establecimientos.
Caso particular es el de los locales que en su día realizaron una reforma para adaptar una parte para los fumadores. Es el caso del restaurante Chicolino, en donde su propietario, Arturo Chicolino, reconocía que esa inversión «ya está perdida». Además apunta que para saber la repercusión que tendrá la ley «habrá que esperar dos o tres meses. De todas formas si la gente la acata bien yo creo que será bueno para todos». Situación contraria asegura que sucederá en las múltiples bodas que cada año organiza este empresario: «Las bodas son diferentes ya que controlar a 200 personas es difícil y no pienso poner a los geos en el comedor».
Aún así, hay que aprovechar la situación para innovar. Es el caso del bar boirense Farmassia, que el domingo utilizó ceniceros para servir las tapas.