Hipotecas, créditos e hijos en edad escolar o universitaria son los problemas que los empleados de la planta de Servia tienen tras la esquina si al final cierra la explotación
13 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Miran tanto hacía su nevera todavía llena como a los despachos en los que se está cocinando su futuro. El suyo es un problema colectivo que en la mayoría de los casos atañe a los bancos. A las letras que puntualmente llegan cada mes al buzón y que en breve correrán el serio riesgo de ser devueltas. Por ahora, sus nóminas están blindadas hasta que lleguen las uvas navideñas. Aunque el roscón de Reyes nadie lo garantiza. Y mucho menos las orejas de carnaval.
Y es que tal y como apuntan su situación depende de Ecoembes, la sociedad constituida por fabricantes de envases que pagan un canon anual destinado a la recuperación de los residuos que producen. Si este colectivo deja de abonar a partir del 1 de enero -como dicen que pretende- el 100% de los residuos que aseguran los empleados de Servia «les corresponde por Ley», las consecuencias ensombrecerían aun más el clima laboral y social de los municipios que pertenecen a Serra do Barbanza, que por convenio son los únicos en los que la gestora de la planta, Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), podía o puede contratar personal.
Esta explotación supone un oasis industrial entre los fértiles prados de Lousame. Un símbolo con el que zancadillear a la despoblación en el área rural y hacer frente a la seducción de las autovías y autopistas que muchas generaciones utilizaron para esfumarse y asentarse en las grandes ciudades. Dos ejemplos son los de Paco González y Chema Ogando, de Porto do Son y Portosín. Son realistas al decir que en su tierra «non é que haxa pouca industria, é que non hai ningunha».
Causa de despoblación
Esta situación les hace pensar si acertaron en su momento al decidir quedarse en su tierra natal, declinando la opción seguida por otros compañeros de generación que hicieron las maletas para irse: «Haberá que irse a onde se poida. Cataluña ou Canarias son algúns dos destinos aos que foron moitos amigos. Outra opción son as conserveiras de Ribeira e A Pobra, pero tampouco é traballo de calidade ou estable. Aquí non hai moito por onde caer», añaden.
Otro ejemplo similar es el de Ángel, de 23 años y natural de Noia. Empezó a trabajar hace cuatro años y desde entonces, y con un contrato indefinido por montera, se embarcó como cualquier otro joven en su posición en la compra de un coche primero y de una vivienda después. Ahora, observa como el horizonte al que se acerca es un precipicio en caída libre «que mucha tranquilidad no me causa», reconoce.
Frente a los jóvenes que todavía están empezando el proyecto de la vida en su versión adulta, se encuentran las madres. Su máxima responsabilidad son las pequeñas bocas que tienen que alimentar y que por suerte, para ellas, viven ajenas a los nervios que «dende fai meses non nos deixan durmir pola noite». Y es que si ahora que hay trabajo, «temos que facer números para chegar a final de mes, é mellor que non pensemos como será o panorama cando teñamos que vivir dos cartos do paro», explica una trabajadora y madre de tres hijos alentada por el coro de amigas que secundan cada una de sus palabras.
No entienden que los grupos de gobierno de cada uno de sus concellos no asumieron los pagos regularmente. Les piden sensibilidad, «xa que os políticos nunca se ven nestas situacións. Eles fan e desfán pero nunca lles falta de nada» añaden en otro de los coros que esta concentración motivó. Ahora, el siguiente paso de los trabajadores será la reunión que mantendrán mañana con la mancomunidad, con la que esperan conocer un poco más sobre la realidad que les atañe y de la que dicen estar totalmente desinformados.