El papel cuché invade los viales

C. Alfaya

BARBANZA

Divulgar que una pareja se casa a través de pancartas en vías públicas es una práctica que gana adeptos en la comarca

28 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Un coche circula por una carretera. De repente, en una rotonda del vial, se encuentra una figura que porta una pancarta. «Anda, una protesta», piensa el conductor. Pero al ir aproximándose descubre que los supuestos manifestantes son en realidad muñecos que alzan una sábana en la que se puede leer: «¡Por fin cae a torre do París!» Una simple anécdota sirve para ilustrar cómo las calles de la comarca se están convirtiendo en una especie de páginas de sociedad para anunciar los casamientos de los vecinos de la zona.

Este es el caso de Belén, natural de Mazaricos y Orlando, de Santa Comba, que se convertirán en marido y mujer el sábado. Sus amigos decidieron anunciar por todo lo alto que, por fin, sus colegas se decidían a pasar por la vicaría. Echando mano de la imaginación, hicieron muñecos de paja a los que colgaron sábanas con mensajes tan llenos de picardía e ironía como el siguiente: «Acabouse ir de viños, agora a facer Orlandiños». Por supuesto, no dudaron en ponerlos a la vista de todos en una rotonda en el cruce da Pereira, en el municipio de Santa Comba.

Pero si el ejemplo es curioso, no es el único. A nadie extraña ya ver en los viales de los municipios barbanzanos sábanas colgando de palos o pancartas en las mismas vallas de la autovía que anuncian el nombre y el día en que dos vecinos se darán el sí quiero. Y es que todo vale para proclamar a los cuatro vientos ese gran día.

Cabezas pensantes

Los amigos de las parejas suelen ser las cabezas pensantes de este tipo de anuncios que no pasan desapercibidos para los viandantes y que, todo hay que decirlo, causan más de un sonrojo a los protagonistas.

Y si antes de la boda hay que anunciarlo, después de la ceremonia es casi obligatorio disfrutar del gran día con los amigos. Pero antes, toca hacer el reportaje fotográfico, una cita ineludible para los que quieren guardar un recuerdo de la jornada, en principio, más importante de sus vidas. En estos casos, la tradición se apodera de los novios, que prefieren las imágenes típicas de jardines o espacios naturales de la zona para ser inmortalizados. Lo mismo ocurre con los banquetes. Los platos tradicionales, a base de carnes y mariscos, siguen siendo los reyes de los convites nupciales.

Excepciones

Eso sí, siempre hay excepciones. Los más osados se dejan orientar por los fotógrafos y se arriesgan con nuevos espacios como aserraderos o puertos, donde salen junto a aparejos de pesca. En las celebraciones, más de lo mismo. Hay novios que quieren sorprender a los invitados. «Unos salieron en helicóptero porque iban a las Cíes a hacer las fotos», dice Pablo Pouso, dueño de un restaurante en A Pobra.

Pero sin lugar a dudas, los que siguen dando espectáculo son los amigos de la pareja. «Recuerdo a cuatro chicos que se pasearon en calzoncillos por el salón de bodas», cuenta Pouso.