El Seprona -que pertenece a la Guardia Civil- actuó este fin de semana contra una práctica que, aunque prohibida, sigue estando presente en algunos montes gallegos. Se trata del hecho de que algunos ganaderos todavía ponen cepos o trancas de madera a los animales mostrencos en los pies para que les sea más fácil pillarlos cuando así lo desean o para que no puedan escapar hacia determinadas zonas. En esta ocasión, los agentes del instituto armado imputaron a cuatro vecinos de A Pobra. Aunque este último dato no pudo ser contrastado, parece que se trata de ganaderos de la zona de Santa Cruz de Lesón. Estas personas están acusadas de haber puesto esos artefactos en los pies de algunos ejemplares salvajes que pastan en A Curota. Concretamente, serían entre diez y doce equinos los que sufrirían esta práctica. Al parecer, el Seprona dio con ellos el domingo por la tarde, pasando a imputarles a sus dueños un delito de maltrato animal. Sí. Porque esta práctica, aunque es tradicional y fue muy común entre las manadas salvajes gallegas, está considerada una forma de maltrato animal, ya que, al parecer, las patas de los animales quedan destrozadas al ponerles esa especie de cepos de madera. Según fuentes cercanas al instituto armado, esta no es la primera vez que se imputa a propietarios de animales en A Curota por esta práctica ilegal. Sin embargo, hay un hecho que juega en contra de los agentes. Es difícil acertar con los propietarios de los animales, ya que se trata de reses sin identificar. De hecho, cabe destacar que la Consellería de Medio Rural anunció que iba a poner en marcha en A Curota un programa pionero en Galicia para la identificación de reses mostrencas. Sin embargo, ha pasado más de un año desde que el conselleiro Suárez Canal les comunicó esta nueva a los ganaderos y comuneros y, actualmente, el sistema sigue sin estar operativo, por lo que identificar a los dueños sigue resultando complejo.