Pese a que transcurrieron casi dos meses desde la celebración de las elecciones generales, banderolas y carteles pueden verse por las calles de la comarca
29 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los integrantes de los partidos políticos invierten esfuerzo y mucho dinero en colocar los carteles, pancartas y banderolas para tratar de arañar sufragios entre los votantes, pero, pasados los comicios, pocos se acuerdan de retirar todos estos elementos propagandísticos o de asegurarse de que las empresas contratadas para la ocasión lo hagan. La historia se repite después de cada campaña electoral y la última no fue una excepción. Han pasado casi dos meses desde que los españoles acudieron a las urnas y en algunas calles de Barbanza aún se publicitan los candidatos al Congreso y al Senado.
En farolas y postes de casi todos los municipios de la comarca pueden verse todavía los restos de la pasada campaña electoral. Y eso que el viento y la lluvia han hecho un intenso trabajo y muchos de los carteles que adornaban marquesinas y otros elementos del mobiliario urbano quedaron reducidos a la mínima expresión con el paso del tiempo.
Marcar con el dedo a los culpables de esta situación no es tarea fácil, puesto que la colocación de muchos de estos elementos publicitarios es encargada a empresas especializadas en la materia. Eso sí, es habitual que en los contratos que se rubrican figure la obligatoriedad de la firma de retirar todos los elementos en el plazo aproximado de una semana, por lo que está en la mano de los partidos políticos hacer cumplir este requisito.
De hecho, las grandes pancartas que suelen colocar los militantes de las distintas formaciones sobre las carreteras son retiradas en tiempo y forma. La razón es que se trata de letreros genéricos, que se reutilizan en cada campaña, por lo que son los propios partidos los interesados en conservarlas en buen estado.
Sin normativa
Que la comarca sea invadida en cada período electoral por miles de carteles y banderolas es culpa de la carencia de una normativa que regule la colocación de este tipo de publicidad. Algunos concellos pontevedreses disponen de este reglamento que prohíbe, por ejemplo, utilizar el mobiliario público para estos fines.
La falta de esta normativa hace que marquesinas, farolas y contenedores acaben cubiertos de anuncios que, en muchos casos, ensucian la calle en cuanto se desprenden. Los restos de papeles y cola perduran hasta que otros carteles los cubren.